Más de 40 personas voluntarias hacen posible cada verano una experiencia basada en la convivencia, los valores y el compromiso social.
Los Campamentos de Arnela, impulsados por Cáritas en Santiago a través del programa Cativos, han reunido durante los meses de julio y agosto a más de 230 niños, niñas y adolescentes de entre 8 y 17 años en el Albergue Juvenil Luis Calviño, en Porto do Son.
Se trata de una de las iniciativas socioeducativas más consolidadas de Galicia. Desde su nacimiento en 1969, Arnela ha acompañado a miles de menores, convirtiéndose en mucho más que un campamento de verano. Es un espacio de aprendizaje, convivencia y crecimiento personal donde se promueven valores como el respeto, la solidaridad, la diversidad, el cuidado del medio ambiente y la importancia de cuidarse mutuamente.
Durante las diferentes tandas organizadas este verano, los participantes han disfrutado de actividades deportivas, talleres, juegos, excursiones y dinámicas grupales adaptadas a cada etapa de edad, en un entorno que favorece la autonomía, la participación y la construcción de relaciones positivas.
Más de medio siglo educando y acompañando
Los Campamentos de Arnela cuentan con más de 50 años de historia. A lo largo de este tiempo, más de 10.000 niños, niñas y adolescentes han pasado por sus instalaciones, convirtiendo esta propuesta en una referencia dentro del ámbito del ocio educativo y la acción social en Galicia.
El proyecto acompaña a los participantes desde los 8 hasta los 17 años, adaptando las actividades y metodología a las necesidades de cada grupo. Esta continuidad permite construir vínculos duraderos y ofrecer experiencias educativas significativas que dejan huella en quienes participan.
“Arnela representa el compromiso de Cáritas con la infancia y la juventud. Hablamos de un proyecto que educa, acompaña y genera oportunidades. Aquí encuentran un espacio seguro donde crecer, compartir y desarrollar capacidades personales y sociales que les servirán en su desarrollo vital”, destaca Pilar Farjas, directora de Cáritas Diocesana de Santiago de Compostela.
A través de la acción de Cáritas, la comunidad cristiana hace presente el mensaje de Jesús desde la cercanía, la acogida y el cuidado de las personas más vulnerables. Cada actividad, cada gesto de acompañamiento y cada vínculo que se crea durante el campamento reflejan una manera de entender la educación y la convivencia basada en la dignidad de cada persona, la fraternidad y el bien común. Arnela se convierte cada verano en un espacio donde los valores del Evangelio se viven de forma sencilla y cotidiana, contribuyendo a construir una sociedad más justa, solidaria y humana.
La igualdad de oportunidades como principio fundamental
Uno de los rasgos que definen los Campamentos de Arnela es su vocación en igual de oportunidades. Con el objetivo de que ninguna familia quede excluida por motivos económicos, Cáritas facilita diferentes modalidades de becas, ayudas y descuentos adaptados a cada situación.
Durante este verano, alrededor de 158 participantes contaron con algún tipo de apoyo económico, una cifra que refleja el firme compromiso de la entidad con la igualdad de oportunidades y el acceso universal al ocio educativo.
“Detrás de cada ayuda hay una oportunidad para que un niño o una niña pueda vivir una experiencia que favorezca su desarrollo, sus relaciones y su bienestar. Garantizar ese acceso forma parte de la misión de Cáritas y de nuestra apuesta por una sociedad más justa y mejor”, añade Pilar Farjas.
Un voluntariado que sostiene el proyecto
El éxito y la continuidad de Arnela no serían posibles sin la implicación de un amplio equipo de personas voluntarias. Más de 40 colaboradores participan cada verano en la organización y desarrollo de los campamentos, aportando de forma altruista tiempo, dedicación y compromiso.
Muchos de ellos comenzaron su vinculación con Arnela siendo participantes y años después regresan como monitores, directores de tiempo libre o personas voluntarias, contribuyendo a mantener vivo el espíritu del proyecto.
“No podemos hablar de Arnela sin poner en valor a nuestro voluntariado. Son personas que acompañan, escuchan, educan y se convierten en referentes para muchos niños y adolescentes. Además, gran parte de ese compromiso continúa durante todo el curso escolar en otros proyectos de ocio educativo de Cáritas, generando vínculos estables y procesos de acompañamiento que van mucho más allá del verano”, explica Carlos Juiz, director de Cáritas Interparroquial de Santiago.
“Lo más emocionante es comprobar cómo quienes un día llegaron siendo niños vuelven años después para ayudar a otros a vivir la misma experiencia. Esa es la verdadera fuerza de Arnela”, concluye.
Una segunda casa para quienes crecen en Arnela
Más allá de las cifras y de las actividades, el verdadero valor de loa Campamentos Arnela se encuentra en las experiencias que viven los niños, niñas y adolescentes que participan cada verano. Para muchos de ellos, el campamento se convierte en un espacio de referencia donde construir amistades, ganar confianza y sentirse aceptados tal y como son.
Rodrigo, participante de los campamentos, resume así lo que significa Arnela para él. “Para mí Arnela es un lugar donde puedo jugar libremente, donde siento que puedo ser yo, donde puedo correr con libertad y hacer buenos amigos. Aquí la gente se preocupa por mí. Hacemos actividades divertidas, pero también es un lugar donde puedo mostrarme tal y como soy y no tengo que fingir ser otra persona. Arnela es una segunda casa para mí”.
Un sentimiento compartido por muchas de las personas que han pasado por este proyecto durante las últimas décadas y que explica por qué, más de medio siglo después de su creación, Arnela sigue siendo una experiencia capaz de generar recuerdos imborrables, fortalecer valores y crear comunidad. Para miles de niños, jóvenes, familias y personas voluntarias, Arnela no es solamente un campamento de verano. Es una experiencia que permanece en la memoria y que sigue transformando vidas generación tras generación.
Los Campamentos de Verano de Arnela forman parte del programa Cativos, de Cáritas en Santiago. Esta iniciativa cuenta, entre otros, con financiación de la Xunta de Galicia en el marco de la convocatoria de subvenciones destinadas a la realización de programas de interés general con fines sociales, con cargo a la asignación tributaria del 0,7% del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y del Impuesto de Sociedades correspondiente al año 2025.