Hay decisiones culturales que pueden gustarte o no. Después están las que te obligan a mirar el cartel dos veces por si alguien lo diseñó después de una noche demasiado larga.
Leticia Sabater.
Novo Mesoiro.
30 de agosto.
Sí.
Leticia Sabater será una de las protagonistas de las fiestas de Novo Mesoiro de este año. No es un rumor ni una broma que haya empezado a circular por WhatsApp. La propia página oficial de la artista incluye la actuación de Novo Mesoiro, A Coruña, dentro de su gira de 2026. (leticiasabater)
Y yo tengo una pregunta bastante sencilla.
¿De verdad?
No tengo absolutamente nada personal contra Leticia Sabater. Es más: hay que reconocerle algo que muchos otros matarían por conseguir. Ha sobrevivido durante décadas en el mundo del espectáculo. Ha sabido transformarse, reinventarse y entender perfectamente cómo funciona la maquinaria de la televisión, las redes sociales y la viralidad.
Precisamente por eso el problema no es ella.
El problema es quien la contrata.
Porque una cosa es que Leticia Sabater haga exactamente el espectáculo que quiere hacer y otra muy distinta que alguien decida que ese espectáculo debe convertirse en uno de los reclamos de las fiestas de un barrio como Novo Mesoiro.
Y conviene saber exactamente qué se está contratando.
Estamos hablando de una artista cuya carrera actual se sostiene en buena medida sobre el espectáculo, la provocación, la irreverencia, el doble sentido sexual y canciones deliberadamente concebidas para hacerse virales. Es una fórmula perfectamente legítima dentro del entretenimiento.
Pero entonces dejemos de discutir sobre Leticia Sabater y empecemos a discutir sobre nosotros.
Porque esto va de nosotros.
Va de qué coño queremos hacer con las fiestas de nuestros barrios.
Va de decidir si unas fiestas populares son simplemente una competición para conseguir la fotografía con más gente delante de un escenario o si tienen alguna responsabilidad cultural con el lugar donde se celebran.
Porque llenar una plaza no convierte automáticamente una contratación en buena.
También se llena una carretera cuando hay un accidente y nadie propone convertirlo en patrimonio cultural.
Parece que hemos reducido la cultura a eso.
Llenar.
Da igual con qué.
Da igual para qué.
Da igual lo que quede después.
Hay que llenar la plaza.
Y yo me niego a aceptar esa puta ecuación.
Porque A Coruña tiene músicos.
Tiene bandas.
Tiene compositores.
Tiene grupos que llevan años metiendo kilómetros en una furgoneta, cargando amplificadores, grabando discos con cuatro duros, ensayando después del trabajo y tocando donde les dejan.
Galicia está llena de ellos.
Y muchos jamás tendrán la oportunidad de subir al escenario principal de unas fiestas de esta dimensión.
Después nos llenamos la boca hablando de apoyar la cultura local.
Qué expresión tan bonita.
Apoyar la cultura local.
Hasta que llega el momento de contratarla.
Entonces parece que mola bastante más poner a Leticia Sabater encima del escenario para cantar La Salchipapa.
Y que conste algo importante: no estoy diciendo que una fiesta de barrio tenga que convertirse en un festival de música experimental ni en una conferencia sobre Rosalía de Castro.
Una verbena tiene que ser divertida.
Tiene que haber cerveza.
Tiene que haber baile.
Tiene que haber chavales.
Mayores.
Niños.
Gente cenando de pie.
Vecinos que solamente se ven una vez al año aunque vivan a dos portales de distancia.
Tiene que haber música y tiene que haber fiesta.
Claro que sí.
Pero entre convertir Novo Mesoiro en el Carnegie Hall y contratar a Leticia Sabater existe un territorio bastante grande.
Se llama criterio.
Y ahí es donde quiero detenerme.
Porque la presencia de Sabater en A Coruña tampoco es una novedad. Apenas mes y medio antes de su cita en Novo Mesoiro, el 12 de julio, sustituyó a Soraya en el Atlantic Pride y actuó en los jardines de Méndez Núñez. (La Voz de Galicia)
Así que tampoco estamos descubriendo precisamente a una artista que necesitase una oportunidad en nuestra ciudad.
Y llegamos a la pregunta incómoda.
¿Cuánto cuesta Leticia Sabater en Novo Mesoiro?
Quiero saberlo.
No he encontrado, a día de hoy, una cifra pública verificable correspondiente específicamente a esta actuación.
Por eso no voy a escribir una cantidad sacada de la manga.
Pero precisamente por eso me gustaría conocerla.
Cuánto.
Quién la contrata.
De dónde sale el dinero.
Qué parte corresponde a contratación artística.
Y cuál ha sido el criterio para elegirla frente a otras alternativas.
No debería existir ningún problema en explicarlo.
Porque entonces podremos hacer la comparación verdaderamente interesante.
¿Cuántos grupos coruñeses podrían contratarse con ese dinero?
¿Cuántos músicos gallegos?
¿Cuántas bandas jóvenes podrían tocar delante de cientos de personas por primera vez?
¿Cuántos proyectos que están intentando construir algo desde aquí podrían recibir una oportunidad?
Porque quizá estamos confundiendo popularidad con cultura.
Y no son lo mismo.
Ni siquiera estoy cuestionando que Leticia Sabater sea popular.
Sería absurdo hacerlo.
Su propia agenda de 2026 demuestra una sucesión enorme de conciertos, fiestas, eventos privados, bodas, despedidas, pregones y actuaciones por toda España. (leticiasabater)
Eso significa que ha encontrado su mercado.
Bien por ella.
Pero precisamente por eso no necesita que nadie la descubra.
Los que necesitan oportunidades son otros.
Los chavales que están ensayando esta noche en un local del polígono.
La banda que acaba de grabar su primera maqueta.
El grupo que toca rock.
La rapera que empieza.
Los músicos tradicionales.
El cantautor que todavía actúa delante de treinta personas.
La banda coruñesa que lleva diez años escuchando que hay que apoyar el talento de aquí mientras contempla cómo los escenarios terminan ocupados por nombres elegidos porque garantizan una fotografía multitudinaria.
A esos sí me gustaría encontrarlos en las fiestas.
Y después podemos traer artistas de fuera.
Por supuesto.
Pero propuestas musicales.
Bandas que hagan temblar Novo Mesoiro.
Rock.
Pop.
Electrónica.
Folk.
Rap.
Orquestas.
Lo que sea.
Hay un universo entero donde escoger.
Por eso no me sirve el argumento de que Leticia Sabater llevará gente.
Seguro que la llevará.
Ese nunca fue el debate.
La pregunta es qué clase de fiestas queremos construir.
Porque una fiesta de barrio también cuenta quiénes somos.
Dice qué valoramos.
Dice dónde ponemos el dinero.
Dice a quién entregamos un escenario.
Novo Mesoiro es un barrio joven, lleno de familias y de gente que lleva años peleando por construir comunidad y conseguir servicios, equipamientos y espacios que hagan barrio.
Un barrio así merece unas fiestas con identidad propia.
No necesita convertirse durante una noche en el decorado de un vídeo viral.
Y aquí está quizá lo que más me jode.
La sensación de que alguien ha pensado que esto es precisamente lo que quiere la gente.
Dales espectáculo.
Dales provocación.
Dales una cara conocida.
Dales algo que puedan grabar treinta segundos con el móvil.
Y asunto resuelto.
Pues conmigo no.
A mí dadme una banda.
Dadme cinco músicos subiendo a un escenario después de veinte años dejándose los dedos en locales de ensayo.
Dadme una cantante gallega que todavía no sale en televisión.
Dadme chavales del barrio.
Dadme guitarras.
Dadme gaitas.
Dadme una orquesta.
Dadme electrónica.
Dadme cualquier cosa que tenga detrás una propuesta que merezca descubrirse.
Y después que venga todo el mundo.
Que baile.
Que beba.
Que cante.
Que llegue a casa a las cinco de la mañana.
Eso también es una fiesta popular.
Pero no me vendáis como apuesta cultural lo que parece fundamentalmente una apuesta por el impacto mediático.
Leticia Sabater sabe perfectamente lo que vende.
Y, visto el número de actuaciones que acumula, lo vende estupendamente. (leticiasabater)
Así que mi crítica no va contra ella.
Va contra quienes han decidido comprar ese producto para Novo Mesoiro.
Ellos son quienes tienen que explicarlo.
Y sobre todo explicar cuánto cuesta.
Porque cuando conozcamos esa cifra podremos terminar de hacer las cuentas.
No solamente las económicas.
También las culturales.
Quizá descubramos entonces que el problema nunca fue La Salchipapa.
El problema fue pensar que Novo Mesoiro no merecía algo mejor.