La creciente tensión migratoria entre Marruecos y España obedece, sin duda, a diversos y complejos factores geopolíticos, económicos, sociales… y también alimentarios.
Marruecos se ha consolidado desde hace años como el principal proveedor extracomunitario de frutas y verduras frescas al Estado español. De enero a mayo de este año, el reino magrebí exportó cerca de 900 millones de euros en productos hortofrutícolas a España —principalmente tomates, pepinos, pimientos, cítricos y arándanos—. En sentido contrario, la cifra de exportación española es sensiblemente menor, aunque sí se vende abundante maquinaria y tecnología agrícola.
Buena parte de los agricultores y asociaciones del sector en España denuncian desde hace tiempo que este desfase responde a una clara competencia desleal, supuestamente favorecida por el Gobierno de Pedro Sánchez y la propia Unión Europea.
Las importaciones hortofrutícolas desde Marruecos a España alcanzan los 890 millones en cinco meses
Factores que explican la brecha en el sector
- Costes laborales: La agricultura en España afronta un coste medio de 9,74 euros por hora trabajada, frente a tan solo 1 euro en Marruecos.
- Exigencias fitosanitarias y medioambientales: Se denuncia la presencia de competencia fraudulenta debido al uso en Marruecos de sustancias prohibidas por acuerdos internacionales. Un ejemplo clave es el bromuro de metilo, un eficaz insecticida y fungicida vetado en la UE desde 2005 por su impacto en la capa de ozono.
El impacto del acuerdo en el sector del tomate
Otra de las claves de esta coyuntura radica en el Acuerdo de Asociación UE-Marruecos, muy criticado por los productores españoles —especialmente en el Levante y Andalucía— por los perjuicios que ocasiona al sector del tomate.
Desde la entrada en vigor de dicho tratado en 2012, las importaciones comunitarias de frutas y hortalizas procedentes del reino alauí se han incrementado un 71 %, pasando de 831.338 toneladas a 1,4 millones. Para más inri, las explotaciones del Sahara Occidental —territorio bajo control de facto marroquí— se benefician de las mismas ventajas arancelarias, lo que impulsa aún más la producción agrícola del país vecino.
Lo que suceda en Ceuta marcará de forma determinante el futuro de las relaciones entre los dos reinos. Sin embargo, en el terreno de los alimentos frescos, Mohamed VI es, por el momento, quien se está llevando el gato al agua.