En España, se estima que en 2026 se realizarán más de 3.500 nuevos diagnósticos de mieloma múltiple, lo que representa el 1,2 % de todos los nuevos casos de cáncer.
El mieloma múltiple es una neoplasia maligna de la sangre poco frecuente que representa alrededor del 1 % de todos los nuevos casos de cáncer y el 13 % de las neoplasias sanguíneas en España. Además, se estima que en 2026 se diagnosticarán más de 3.500 nuevos casos.
Mientras que algunos pacientes pueden pasar años sin manifestar síntomas, otros debutan directamente con la enfermedad y sufren desde el inicio las manifestaciones clínicas más características, como dolor, lesiones óseas, anemia, insuficiencia renal, hipercalcemia y una mayor susceptibilidad a las infecciones.
La buena noticia es que, en los últimos años, la supervivencia ha mejorado considerablemente, paralelamente a una profunda evolución del abordaje terapéutico, sobre todo, por la incorporación de la inmunoterapia y la terapia génica (CAR-T) en sus indicaciones. Esto ha permitido mejorar significativamente el pronóstico de los pacientes con recaídas o refractarios a los fármacos utilizados en los primeros escalones terapéuticos.
La contribución del farmacéutico en el uso seguro, efectivo y adecuado de los tratamientos es de gran relevancia y se hace imprescindible para estos pacientes no solo por la rápida incorporación de nuevas alternativas terapéuticas para tratar el mieloma múltiple sino también por el carácter crónico de la enfermedad y la complejidad del tratamiento, que se basa en combinaciones complejas de fármacos.
Una intervención transversal
Tanto es así que el farmacéutico lleva a cabo una intervención transversal a lo largo de todo el proceso asistencial, que va desde la validación y optimización inicial de la farmacoterapia hospitalaria hasta la conciliación, educación sanitaria, seguimiento de la adherencia, prevención y detección de toxicidades, farmacovigilancia y continuidad asistencial.
En el caso del farmacéutico hospitalario, valida y optimiza el tratamiento mediante la comprobación del esquema terapéutico, las dosis y la pauta según la indicación y revisa los tratamientos previos, la función renal y hepática y las toxicidades asociadas a la quimioterapia. Asimismo, ha visto ampliadas sus responsabilidades por la reciente incorporación de las terapias CAR-T.
El seguimiento de los tratamientos de administración oral constituye otro ámbito de actuación relevante del farmacéutico, ya que la responsabilidad sobre su correcta utilización recae en el propio paciente –o en un familiar o cuidador–. En este caso, el farmacéutico puede detectar errores en la pauta, interrupciones inadecuadas, problemas de adherencia o toxicidades que dificulten la continuidad terapéutica, además de reforzar las instrucciones de administración y comprobar que el paciente comprende correctamente su tratamiento.
Precisamente, forma parte de la educación sanitaria que el paciente comprenda para qué sirve cada medicamento, cómo debe tomarlo, qué interacciones pueden aparecer y qué efectos adversos puede manejar en casa y cuáles requieren consultar con un profesional sanitario, también forma parte del seguimiento. Una información que el farmacéutico aporta no solo al inicio del tratamiento, sino también a lo largo del tiempo, especialmente, cuando se producen cambios en la pauta o se incorporan nuevos medicamentos.
Como se detalla en el informe del Consejo General, desde la farmacia comunitaria también se puede revisar la medicación del paciente, tanto la prescrita por el médico como la que no necesita receta, así como los complementos alimenticios y los productos de fitoterapia. El objetivo es detectar posibles interacciones, evitar problemas derivados de la automedicación y reforzar algunas medidas importantes durante el tratamiento, como la adherencia, la vacunación, la prevención de infecciones, la salud bucodental o el uso adecuado de analgésicos.
Asimismo, puede detectar signos de alarma, como fiebre, sangrado, empeoramiento del estado general, dolor óseo de nueva aparición o síntomas neurológicos, y recomendar una valoración médica cuando sea necesario.
En la práctica, las intervenciones del farmacéutico tienen un impacto positivo en el paciente, puesto que, como ha demostrado una revisión sistemática de 33 estudios realizada este año, mejoran de forma consistente la identificación y resolución de problemas relacionados con la medicación, el manejo de interacciones, la coordinación asistencial y la adherencia terapéutica de los pacientes.
Consulta y descarga el Punto Farmacológico N° 203 – Mieloma múltiple