Jesús Antonio Rodríguez Morilla
ANTECEDENTES.
Les comentaba días atrás que este Gobierno suele ser un “filón literario” aplicable a grandes crisis institucionales como el affaire de Ceuta, habiendo quedado demostrada la existencia de dos maquinarias burocráticas remando en direcciones opuestas para no ceder terreno ideológico ni competencial.
Ello da pie para de forma irónica ilustrar algunos posibles absurdos que la rigidez jerárquica pueda llevar a extremos de difícil comprensión.
El presente Texto, pretende reflejar como aforismo satírico, aplicable según el analista a determinados supuestos sobre la burocracia pública, refiriéndose en forma irónica para ilustrar “parálisis circunstánciales” en determinados momentos.
Me viene a la memoria una máxima que aún circula por los anales históricos que alude a las razones por las que el ejército imperial japonés perdió la guerra emprendida contra E.E.U.U. (1941-45).
No cumplir la primera orden recibida, hasta no recibir su contra orden, y en caso de duda, ninguna de las dos………
Según Hobbies Belgrano, la rivalidad entre el Ejército Imperial Japonés y la Armada Imperial Japonesa no fue una simple competencia burocrática; fue un conflicto institucional tan profundo y destructivo que los historiadores suelen describirlo como una guerra civil fría. En lugar de funcionar como dos ramas de unas mismas fuerzas armadas, operaban como dos estados soberanos y hostiles dentro del mismo
“PÁNICO CERVAL”, REFUGIO EN LA BUROCRACIA E INACCIÓN.
En Política, dicho tipo de pánico recorre u órbita alrededor del interesado en lo relativo a firmar o autorizar todo aquello que afecte a sus cuotas de poder.
Ante la duda de contravenir una directriz superior, o doctrina no escrita de la burocracia, ello, dicta abstenerse. Tomar una iniciativa y asumirla, podría conllevar el riesgo de quedar desprotegido si el resultado es desfavorable.
El resultado es la parálisis institucional, donde los responsables prefieren que el problema se enquiste antes que estampar una rúbrica que les pueda costar el puesto. Se gobierna para el blindaje del expediente, no para la resolución del conflicto.
LA SOBERBIA DE NO RECTIFICAR EL RUMBO DEL DESASTRE.
Si no se es capaz de admitir que algunas previsiones fueron erróneas, y se interpretan como humillación o debilidad dirigidas hacia quien las comete, significaría encontrarnos ante una soberbia política inaceptable, que prefiere sostener la ficción de que todo se encuentra en orden o bajo control posible, culpando exclusivamente a factores externos antes que rectificar el rumbo” y/o pérdida de la reputación jerárquica.
CONCLUSIÓN
En ocasiones es preferible que un problema vaya desapareciendo lentamente ante el cansancio e impotencia recurrente de la ciudadanía la cual no ha sabido encontrar todavía el resquicio de observar que la política significa siempre un escaparate con diferentes maniquíes, pero bajo mismos patrones.