Enterprise Rent-A-Car: la inclusión se les queda aparcada cuando el cliente es ciego

@jsuarez02111977

Soy ciego. Quiero alquilar una furgoneta. Tengo dinero, tarjeta y un chófer con permiso de conducir. Parece sencillo. Pues en Enterprise Rent-A-Car de la Estación de Tren de A Coruña, en Avenida del Ferrocarril, mi ceguera convirtió una operación normal en un puto problema.

Yo alquilo. Yo pago. El chófer conduce.

No hace falta un máster para entenderlo.

Pero el procedimiento exige vincular contrato, conductor y tarjeta. Y yo no tengo carnet de conducir. Evidentemente. Soy ciego.

Mi ceguera me impide conducir. No contratar, pagar, administrar mi dinero o decidir qué vehículo necesito. Confundir ambas cosas es convertir una discapacidad en una barrera que la propia empresa fabrica.

Y eso es lo verdaderamente grave.

Porque las barreras no siempre tienen escaleras. Algunas están escritas en procedimientos pensados únicamente para quien encaja en la casilla prevista.

Lo más sangrante es que la propia Enterprise publica una solución para personas que no disponen de permiso de conducir debido a una discapacidad: contempla un conductor suplente e incluso establece que este no necesita presentar tarjeta de crédito ni cumplir determinados requisitos financieros.

Entonces, ¿qué coño pasó en A Coruña?

¿De qué sirve escribir «accesibilidad» en una web si cuando aparece un ciego delante del mostrador la accesibilidad se va al carajo?

La solución es insultantemente sencilla: yo soy el cliente, contrato y pago; mi chófer se identifica, presenta su permiso y conduce.

Porque mi chófer no es mi tutor.

No administra mi dinero. No tiene por qué adelantar mis gastos ni convertirse en responsable económico de mis decisiones. Conduce porque yo no puedo hacerlo. Punto.

Eso es autonomía. Lo contrario es disfrazar de procedimiento una dependencia que no debería existir.

Y después está la tarjeta física. Enterprise indica para esta oficina que debe presentarse físicamente y que no admite pagos mediante NFC.

En 2026.

Puedo autenticar una operación bancaria con mi cara, llevar mis tarjetas en el móvil y gestionar media vida desde un teléfono, pero para alquilar una furgoneta hay que rendir homenaje al sagrado trozo de plástico.

Magnífico.

Las empresas hablan muchísimo de inclusión, diversidad y accesibilidad. Palabras preciosas mientras nadie obliga a comprobar si significan algo.

Porque la inclusión de verdad empieza cuando llega alguien diferente y el procedimiento tiene que responder.

La inclusión que funciona únicamente cuando nadie la necesita no es inclusión. Es decoración corporativa.

No quiero que Enterprise me trate mejor por ser ciego.

Quiero que no me trate peor.

No quiero favores ni compasión. Quiero pagar una puta furgoneta con mi dinero y que la conduzca alguien que puede hacerlo legalmente.

Llegué a Enterprise Rent-A-Car de A Coruña buscando un vehículo. Terminé encontrándome una barrera.

Y quizá ahí esté lo más miserable del asunto: en pleno 2026 todavía hay que explicar que un ciego puede no conducir y seguir siendo perfectamente capaz de ser cliente.

No necesito que Enterprise vea por mí. Necesito que Enterprise sea capaz de verme como cliente

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