Jesús Antonio Rodríguez Morilla
Aquellos lectores que me soportan se habrán dado cuenta en ocasiones del recurso a las Metáforas, sin duda, el bisturí más preciso del analista: permiten diseccionar realidades complejas en una sola frase y conectar con la memoria colectiva del lector sin necesidad de recurrir a farragosos párrafos explicativos. Son píldoras de sabiduría ya existentes, que permanecen cuando el dato numérico no es necesario.
En esta ocasión, permítase la licencia de parafrasear el verso 20 del Cantar de Mío Cid, (Monarca, Alfonso VI) trasladando cierta parte de la Historia de España entre el siglo XI y XII, a la actualidad identificando al Monarca aludido con la Política, y, a la ciudadanía española, actual como núcleo central y protagonista del verso de la Obra épica.
INTRODUCCIÓN.
Vuelve con redoblado Ímpetu, tanto por el escenario, como por fechas importantes cercanas para la ciudadanía, nuevas reflexiones basadas sobre lo que supuso la puesta en escena en el Hemiciclo el desarrollo y desenlace del Tema Vivienda.
En un proscenio imaginario, un punto focal compuesto por el retrato de una sociedad (trabajadores, autónomos, ciudadanos de a pie) que mantienen una conducta leal y ejemplar, dirigen sus miradas expectantes hacia sus políticos a pesar de que ya conocen de antemano el final: “Mas de lo mismo”.
La vivienda, ha sido tratada por este analista en distintas ocasiones. La última, el año pasado en Arttículo publicado por este Medio titulado: Generaciones “sin salvavidas” atrapadas en el inframundo político de la vivienda.
Tal enunciado, procuraba desgranar en toda su crudeza la situación real en la que ha tiempo nos encontramos, dando la sensación en el Hemiciclo de utilizar el consabido y sempiterno guion desempolvado vísperas de Elecciones, con intereses futuristas de Partidos Políticos. Una película demasiado visionada.
Sin embargo, la población encalla sistemáticamente ante un poder político afincado en sus privilegios, un estamento que se «mulle» en la inercia de su propia supervivencia.
LA ACUMULACIÓN DE DEMÉRITOS Y UN “PODER MULLIDO”.
El balance de este ciclo de gobernanza deja pasivos flagrantes. El primero es la erosión institucional: un Ejecutivo que abusa del decreto-ley y coloniza los órganos de control debilitando las reglas del juego.
El segundo es la asfixia al administrado. Mientras el ciudadano medio es víctima con una pérdida real de poder adquisitivo y una presión fiscal asfixiante, la gestión pública se caracteriza por el gasto ineficiente y la falta de inversiones
Sin embargo, la población encalla sistemáticamente ante un poder político afincado en sus privilegios, un estamento que se «mulle» en la inercia de su propia supervivencia.
La clase política española debe saber que el crédito no es infinito, y el electorado debe entender que existe “un pagaré a la vista”, que son las urnas y los Estados de Cuentas entre ambos.
Un país ejemplar en lealtades y otras virtudes no puede ofrecer su pleno potencial cuando el marco normativo penaliza el esfuerzo y premia la burocracia.
Por último, en este apartado, la dependencia de alianzas extremas ha supeditado el interés general a exigencias minoritarias, sustituyendo el consenso por una polarización estratégica.
LA «BOLSA INVISIBLE Y LA INGENIERÍA” ELECTORAL.
Pero el poder no es ingenuo. Para contrarrestar este desgaste, se observa cómo se opera con una «bolsa invisible» de votos fieles.
Un colchón electoral soterrado que no solo se nutre de redes clientelares internas, sino de una calculada ingeniería normativa en el exterior. Me refiero a la instrumentalización de los procesos de nacionalización exprés y la flexibilización de la nacionalidad para descendientes (los asuntos nietos). Se utiliza la burocracia del Estado para fabricar una gratitud electoral de ida y vuelta, blindando las urnas frente al descontento doméstico.
La ironía es que este Gobierno arriesga ahora caer en su propia trampa. Al tensar la cuerda de la retórica y de pactos funambulistas, cualquier imprevisto amenaza con desplomar el andamiaje. La clase política ha olvidado que quien siembra vientos de división termina cosechando tempestades de ingobernabilidad.
COMENTARIO FINAL.
Nuestros más severos se dirigen además de a los despachos oficiales, igualmente a la ciudadanía.
La historia es un maestro implacable que no hace descuentos. La democracia no consiste en entregar un cheque en blanco cada cuatro años para luego desentenderse en el sofá.
Es una obligación imperativa ejercer un control crítico, diario y exigente sobre quienes nos representan. Si la ciudadanía abdica de fiscalizar al poder, el estamento político seguirá ensanchando sus privilegios y acampando a su aire como si fuésemos esbirros. Si el vasallo silencia, otorga y consiente, la historia, irremediablemente se repetirá.