Era el secreto a voces del fin de semana. Tras los intensos rumores de los analistas de los grandes medios de comunicación, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado la convocatoria de elecciones generales para que la ciudadanía decida el rumbo del país.
Al norte y al sur, cuando el tiempo amuestra ese tinte de lluvia y el cielo se pone del color de la teja mofosa, sabemos que los adelantos electorales sientan peor que un caldo recalentado varias veces. Pero en Madrid no hay climatología que valga, allí, si el suelo calienta, quema; y si calienta la legislatura, Pedro Sánchez convoca las urnas para el 29 de noviembre como quien tira un cartucho de dinamita en una fiesta de pueblo para ver quién corre más.
El chof-chof de las manos y el festín de los buitres
La viñeta de Sir Cámara clava con maestría lo que muchos prefieren no mirar, mientras en los cuarteles generales de la derecha y la extrema derecha se frotan las manos haciendo cuentas electorales, sumando escaños en el aire como quien recoge billetes en la bajamar, la realidad de la calle sigue sepultada bajo cartones, bolsas de basura y la más absoluta precariedad.
“Hay tantas formas de llamar a las urnas, que da pánico”, reza la viñeta. Y es que el drama que ha dinamitado la legislatura, la imposibilidad de acceder a una vivienda digna, no se soluciona con eslóganes de carrusel ni con convocatorias de urgencia pensadas para salvar los muebles desde Moncloa. Al fondo, agazapados tras el cartel amarillo de «A la urna, a las dos y a las buitres«, los buitres de la política y de la especulación aguardan su turno para banquetearse con los restos de la crisis social.
El ajedrez del funambulista
El inquilino de la Moncloa se levantó con ganas de jugar a la ruleta rusa con un revólver cargado de festivos. Tras el varapalo de ver sus decretos de vivienda tumbados en el Congreso por la pinza de PP, Vox y Junts, el presidente prefirió dinamitar el tablero antes de morir a fuego lento entre presupuestos imposibles y protestas ciudadanas.
Vio las calles encendidas en Madrid, sintió el rugido de una parte de la ciudadanía harta de desahucios y precios imposibles, y pensó que la movilización era un clavo al que agarrarse. Pero cuidado con dar las victorias por hechas. Jugar con las necesidades básicas de la gente y confiar en que la indignación se convierta automáticamente en votos cautivos, es un deporte de riesgo.
El 29 de noviembre las papeletas entrarán en las urnas con el frío de las primeras nieves. Los partidos ya reparten despachos en sus cabezas, olvidando que la ciudadanía, cuando mira el panorama desde el frío asfalto que refleja el cartón de la viñeta, sabe perfectamente que, gobierne quien gobierne, los únicos que siempre vuelven a volar alto son los buitres.