En Benalmádena, Málaga, se ha desatado una fuerte polémica a raíz de unas declaraciones hechas por un concejal del Partido Popular (PP). El concejal utilizó el insulto «puta sinvergüenza» para referirse a Mari Carmen, una mujer de 87 años que fue desahuciada de su vivienda y que ayer falleció.Estas declaraciones se produjeron antes que la anciana de 87 años falleciese.
El suceso ha provocado una profunda indignación social y política en toda España. Ante la tremenda presión recibida, el concejal intentó disculparse públicamente, un gesto que no frenó la repulsa generalizada. Mientras que Izquierda Unida ha exigido su cese fulminante, el rechazo al ataque se ha extendido por diversos sectores, con la excepción de VOX y del propio Partido Popular. La condena se ha acentuado al ir dirigido contra una persona de avanzada edad que ya se encontraba en una situación de extrema vulnerabilidad, recordando que el desahucio de personas mayores es una problemática especialmente sensible por el riesgo grave que supone para su bienestar físico y emocional.
Este tipo de expresiones públicas resultan especialmente llamativas y condenables cuando provienen de representantes políticos, quienes deberían defender y proteger a los ciudadanos, no emitir insultos que aumentan la tensión y el sufrimiento social.
La reacción ciudadana no se ha hecho esperar, con llamados a la responsabilidad y a la empatía, exigiendo la dimisión del edil y que el PP pida disculpas públicas y una reflexión profunda sobre el respeto y la dignidad que debe prevalecer en la gestión pública y la comunicación política