El conjunto blanquiazul se adelantó con el gol de Bil Nsongo en el minuto 63, pero Daniel Requena, en el 82, castigó la falta de contundencia de un Deportivo que no supo cerrar el partido.
El Deportivo de La Coruña volvió a comprobar que en el fútbol profesional no basta con ponerse por delante. El empate frente al Levante (1-1) deja un sabor amargo en clave blanquiazul, porque el equipo tuvo el encuentro en sus manos, pero terminó cediendo terreno y permitiendo que el rival rescatase un punto.
El partido exigía personalidad, concentración y capacidad para gestionar las ventajas. Y ahí el Dépor volvió a mostrar una de sus asignaturas pendientes: convertir el trabajo realizado en resultados completos.
El encuentro avanzó con igualdad hasta que Bil Nsongo apareció en el minuto 63 para desatar la alegría deportivista. Su gol situaba al conjunto coruñés en una posición favorable y abría la puerta a una victoria que podía resultar importante para reforzar la confianza del equipo.
Con el marcador a favor, tocaba dar un paso adelante en madurez competitiva. El Deportivo debía administrar los tiempos, evitar pérdidas innecesarias y aprovechar los espacios que dejase un Levante obligado a arriesgar.
Sin embargo, adelantarse en el marcador no significa tener el partido controlado. Y el Dépor terminó pagándolo.
Cuando parecía que los tres puntos podían quedarse del lado blanquiazul, Daniel Requena apareció en el minuto 82 para establecer el empate. Un gol que cambió el desenlace y dejó al Deportivo sin el premio que había perseguido durante buena parte de la segunda mitad.