«Fracking» tampoco frena alza de carburantes. Enemigo aletargado en el subsuelo

Jesús Antonio Rodríguez Morilla

RECUERDOS 2019 CONFERENCIA MUNDIAL CLIMA EN MADRID.

Memorizando perfectamente la Conferencia Mundial Clima celebrada en Madrid, diciembre 2019, en maratonianas jornadas en las estancas instalaciones de IFEMA, asistí a varias ponencias de expertos que analizaban el objeto del Evento además de otros puntos. futuristas energéticos.

Por aquel entonces, ya debía de aletear silenciosamente entre los miles de asistentes de casi doscientos países el contagioso COVID-19; de hecho, meses más tarde supimos de numerosos contagios allí ocurridos entre tantísimos concurrentes durante dos semanas. Servidor, continúa dando gracias a los dioses por haber salido indemne de aquel encierro.

Pero más allá del virus, en esas salas ya se debatía intensamente sobre otra amenaza latente bajo nuestros pies:  el “Fracking” o la fractura hidráulica.

LA ILUSIÓN DEL AUTOABASTECIMIENTO.

Tal “término” no es nuevo; sus raíces se hunden en el siglo XIX, aunque hoy utiliza una tecnología avanzadísima. Consiste en inyectar agua y productos químicos a presiones colosales en el subsuelo para romper la roca de pizarra y extraer el petróleo y gas atrapados en ella.

Sus grandes defensores son gigantes como EE. UU., Canadá, China o Argentina, bajo el argumento de un «consenso científico elástico»: ante el inevitable agotamiento del petróleo convencional; esta técnica estira las reservas globales a  unos 40 o 50 años más, dotando de autoabastecimiento a los mercados a medio plazo.

En la llamada «dinámica exploratoria», si el precio del crudo sube o la tecnología mejora, las bolsas de petróleo que antes se ignoraban por inviables pasan de la noche a la mañana a contabilizarse como disponibles. Sin embargo, este aparente salvavidas es un espejismo financiero y ambiental.

EL MERCADO COMO SUMA ALGEBRÁICA.

Observar los precios de los carburantes exige entenderlos como una suma algebraica. La aritmética simple no sirve aquí; no se trata solo de acumular costos y ganancias en positivo.

El Fracking no promete controlar las tensiones globales que restan estabilidad. Este tablero económico, los signos importan, ya que  cada variable entra en juego con su propio peso, tanto positivo como negativo, obligándonos a analizar cómo las presiones geopolíticas y la oferta real se contrarrestan entre sí en una sola expresión.

Las cifras ilustran con crudeza esta dinámica matemática. El precio medio del barril de la OPEP, que el pasado julio cerró en 82,99 $, ha escalado drásticamente a fecha de hoy hasta promediar los 111,22 $. Hablamos de una significativa alteración del mercado en muy poco tiempo, un signo positivo arrollador que desestabiliza cualquier previsión de ahorro para el consumidor.   

RIESGOS ALETARGADOS OCULTOS BAJO TIERRA.
Mientras países como Argelia, Colombia o Rusia avanzan en su explotación comercial, al menos doce naciones, entre ellas España, desde 2021, han prohibido firmemente el fracking debido a sus graves riesgos: terremotos inducidos y la contaminación irreversible de acuíferos con gas metano. Al fracturar la tierra, emerge un fluido de retorno cargado de metales pesados, toxinas y material radiactivo que amenaza directamente el agua potable. Aunque instituciones estadounidenses afirman que no hay evidencias concluyentes, la comunidad científica y los grupos ambientales alertan de riesgos de mutaciones fetales, cáncer y daños severos en los sistemas respiratorio y nervioso. Una contradicción flagrante si pensamos que, pese a prohibirlo en nuestro suelo, el país sigue importando masivamente ese mismo gas licuado desde América.

CONCLUSIÓN. ¿QUIÉN PERCIBE TRANSFERENCIA DE RIQUEZA?
Al final, en el centro de toda esta compleja ecuación algebraica y social se sitúa el beneficio desmedido de las compañías petroleras. Mientras el argumento de la escasez y el bloqueo de rutas clave actúan como un violento signo positivo que dispara los precios del carburante y eleva las ganancias corporativas a niveles récord, el bolsillo del ciudadano asume todo el impacto negativo. El fracking no ha venido a bajar los precios. Esta asimetría extrema demuestra que, en la economía del crudo, la riqueza simplemente cambia de signo: se transfiere de manera masiva desde los consumidores hacia los balances de las grandes multinacionales energéticas.

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