Esto ya no parece un partido político, sino una temporada de una serie de plataformas de streaming con presupuesto ajustado y mala leche. Si uno busca emociones fuertes, intrigas palaciegas, traiciones de almohada y ganivetadas que harían enrojecer a los mismísimos Borgia, no tiene más que echar un vistazo al día a día del socialismo gallego. Un panorama ideal para sentarse con un buen caldo caliente en la mano y contemplar atónito cómo un espacio político se autosuicida por fases.
A Coruña: El arte del «hachazo» silencioso.
Las cosas están tan calmadas en la torre de marfil coruñesa, que a Inés Rey le acaban de hacer una cruz desde el aparato provincial que ni en los mejores tiempos de las conjuras romanas. Se apostaba por María Rivas para el Congreso, pero mira por dónde, la lista se mueve y coloca a Obdulia Taboadela y a Julián Reina a los mandos. Mientras unos hacen equilibrios entre alinearse con Besteiro o mirar para Cuenca, los de casa callan, disimulan y van afilando el cuchillo con una elegancia pasmosa.
Lugo: La casa de los líos y el malabarista del mes.
Lo de Lugo es ya un máster honoris causa en arte dramático y desconcierto orgánico. Intentaron resucitar al difunto partido con el famoso «efecto Orozco» y el resultado ha sido una colisión frontal con la realidad. Miguel Fernández, en un ejercicio circense digno de mención, intenta abrazarse al orozquismo y al besteirismo al mismo tiempo, como quien intenta comer sopa con un tenedor sin mancharse. Besteiro y Cia, siguen su curso con la bien engrasada «operación Pablo Rivera». A Miguel Fernández no le va a quedar ni un hombro amigo en el que llorar. Y la gran pregunta que sobrevuela las lucenses paredes: ¿Se habrá diluido el lider emergente como un azucarillo en el café con leche tras aquellas primarias donde casi tumban a José Tomé? Misterio insondable.
Ourense: Desangrando a cuantagotas.
En Ourense directamente ya no queda ni el apuntador. Han prescindido de Rafael Villarino en una demostración de cirujana limpieza interna tan fina que da hasta envidia. Mientras tanto, Laura Seara aguarda en la llanura como quien espera el autobús con el paragüas abierto en pleno enero, paciente, mirando al horizonte, rezando para que un cataclismo político se lleve por delante a Pedro Sánchez o para que, con un poco de suerte, le dejen la portavocía de la oposición como premio de consolación.
Pontevedra: El cortijo del emperador.
Menos mal que al PSdeG le queda el sur para mantener algo parecido a la estabilidad. En la provincia pontevedresa las aguas fluyen mansas porque Besteiro y Lara Méndez pintan allí lo mismo que un patinete en un garaje de tractores. Aquí el que corta el bacalao de verdad es Abel Caballero, haciendo y deshechando a su antojo, mientras va preparando a David Regades para que herede el trono vigués cuando toque.
El PSdeG se consume en una espiral de guerras cainitas y sillones asegurados, donde el bienestar de la ciudadanía importa más bien poco frente a la nómina de fin de mes. Afortunadamente, todavía quedan socialistas de verdad que defienden sus siglas por convicción y no por un plato de lentejas. Los del caldo gallego se lo fian todo al 29N. Pero guarden fuerzas, en el próximo capítulo de esta tragicomedia asistiremos a una nueva entrega de alfombras rojas, secretos inconfesables en A Pobra y Rianxo, y sables afilados en la comarca coruñesa. No cambien de canal, que el sainete continúa.
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