ASFASPRO. «Muchos cañones y poco rancho: la gran brecha de Margarita Robles en el Ejército»

El personal militar asiste atónito a un festival de gasto en Defensa que no llega a las unidades, las vacantes no se cubren y el personal suspira por dejar el uniforme porque la paga por dejarse la piel en el servicio es paupérrima y cualquier comparación con otros uniformados causa sonrojo.

Constituyen un auténtico cuento de la lechera las cuentas que a Defensa dedica el Gobierno, con la responsable de Defensa, Margarita Robles, repartiendo miles de millones de euros a mansalva. Solo es necesario escuchar las triunfalistas palabras del discurso de la Pascua Militar, momento indicado para reflexionar sobre el estado de la cuestión, para hacer balance de cómo va la Defensa Nacional desde la Pascua anterior. En este 2026 con guerras crecientes en medio planeta, las Fuerzas Armadas están desatendidas.

Durante todo el año 2025 el Gobierno se ha dedicado a aprobar partidas milmillonarias de gasto destinadas a la industria de defensa: miles de millones de euros destinados a aumentar el porcentaje de gasto destinado a Defensa, en línea con los compromisos pactados en la OTAN. Casi cada semana, indefectiblemente, millonarias partidas para la industria, sin ningún problema, sin ningún rubor. Porque rubor causa la situación real de nuestras Fuerzas Armadas, que en lugar de mejorar empeora día a día.

Aunque pueda parecer increíble en este contexto de dinero abundante, el elemento fundamental de las Fuerzas Armadas, el personal, se siente abandonado, pese al incremento de nómina recibido en marzo, harto insuficiente. Se quedó corto, muy corto, para paliar el agravio diferencial con otros cuerpos y por eso mismo no detiene la sangría constante de efectivos en filas. Cuando la diferencia mensual por realizar tareas similares ronda o supera los 800 euros mensuales se entiende que quien pueda cambie el color del uniforme. Se trata de la paga, se trata de las condiciones de trabajo, los destinos, la conciliación de la vida familiar con la laboral, la movilidad geográfica, el reconocimiento de la formación… Porque el estar dispuesto a matar o a morir en cumplimiento de tu trabajo debería ser suficiente para mejorar la nómina y el resto de condiciones, no para empeorarlas, como sucede en la vida real de nuestros militares.

Como en el cuento de la lechera, en el mundo imaginario de la ministra Robles todo va viento en popa: autorizado gasto para construir flotas enteras, carros de combate a raudales y decenas de aeronaves futuristas. El cambio de nombre del Ejército del Aire añadiendo lo de “y del Espacio” es el paradigma del funcionamiento ministerial: cambiar el nombre, muy moderno y aparente, pero aún estamos esperando que eso conlleve sueldos del siglo XXI.

El contrapunto es que un carro de combate, una fragata o un avión no sirven de nada sin su tripulación y aquí es donde falla estrepitosamente la ecuación y la política del Ministerio de Defensa. Parece ser que dedicar dinero a convertir la profesión militar en algo atractivo e ilusionante (nominas dignas a la altura de lo que se exige, compensación económica por los excesos de jornada laboral y nueva Ley de la carrera militar) no es políticamente correcto, mientras que dedicar dinero a espuertas a la industria de defensa (en ocasiones desarrollando proyectos en contra de la opinión técnica de los futuros usuarios) está bien visto. Pero cuando en este marco económico se desatiende al elemento básico de la defensa, algo falla. Cuando se aprueba un Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa que contempla destinar un poco más del 6% de sus partidas a mejorar las retribuciones del personal militar y justo esta parte no se ejecuta ni se sabe si se va a ejecutar, la cosa pinta muy mal.

La Pascua Militar conlleva discursos, grandes palabras, y los máximos responsables de la Defensa estarán encantados de conocerse porque las cifras indican que jamás hemos estado tan bien ni jamás se había dedicado tanto esfuerzo a la defensa. Lástima que la realidad de nuestras Fuerzas Armadas indique lo contrario: el personal deseando quitarse el uniforme para llevar un sueldo digno a la familia y poder estar con ella en condiciones, mientras que la captación de nuevo personal que les sustituya está bajo mínimos, sin capacidad alguna para poder elegir a los mejores y más adecuados, que directamente ni se presentan… ¿dónde están los tripulantes para tantas naves que el Ministerio de Defensa proclama que se construyen? Ni están ni se les espera, al final van a sobrar naves.

Si fuéramos mal pensados nos podríamos preguntar si nuestros dirigentes son los altos responsables o unos meros irresponsables… porque en tiempos de amenazas día sí, día también no se puede descuidar a las Fuerzas Armadas ni a quienes las forman. Sencillamente, la ministra Roble debe dimitir, su trabajo no obtiene los necesarios resultados positivos.

¡Feliz Pascua Militar!

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