La alcaldesa Inés Rey y el presidente del RC Deportivo, Juan Carlos Escotet, se reunieron para desencallar la hoja de ruta del Mundial 2030 y renegociar el futuro del estadio.
Tras un periodo de distanciamiento que amenazaba con lastrar la candidatura de A Coruña como sede mundialista, el Concello y el Deportivo han vuelto a sentarse a la mesa, en esta ocasión fueron los maximes responsanles del Concello y del RC Deportivo, despues de varias reuniones entre representantes de ambas instituciones de bajo perfil. El objetivo oficial de hoy es limar asperezas y coordinar las reformas necesarias de Riazor para el Mundial 2030. Sin embargo, sobre la mesa de María Pita han pesado dos factores determinantes: la duración del convenio y la sombra de un nuevo estadio.
El núcleo del conflicto actual no es el césped, sino el papel. El actual Convenio de Colaboración, firmado en 2024, vincula al club con el estadio municipal por un periodo de 25 años. escotet busca la seguridad de una concesión de 50 años. Para el grupo Abanca, una concesión a medio siglo es la única garantía para justificar las inversiones estructurales que el club pretende acometer y asegurar la viabilidad del proyecto deportivo-empresarial a largo plazo. Para el Concello, ceder un bien público por cinco décadas requiere un encaje jurídico y político milimétrico que no comprometa las futuras corporaciones.
A pesar de las diferencias, el Mundial actúa como el pegamento de esta relación. A Coruña no puede permitirse perder la sede por falta de entendimiento entre el dueño del club y la dueña del estadio.
En juego está:
- La financiación de la ampliación de las gradas.
- La modernización de los accesos y servicios.
- La imagen de una ciudad que aspira a ser el epicentro del fútbol internacional en 2030.
La reunión de hoy parece haber rebajado los decibelios, pero el fondo de la cuestión sigue intacto. El Deportivo quiere ser dueño de su destino por medio siglo; el Concello debe decidir si Riazor es el precio de esa estabilidad.