El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha comparecido este miércoles en el Congreso de los Diputados con un discurso de alto voltaje político, marcado por el rechazo frontal a la intervención militar liderada por Estados Unidos e Israel en Irán. Sánchez ha sido tajante al afirmar que «España no va a ser cómplice» de una guerra que ha calificado de «ilegal, absurda y cruel», confirmando que ha denegado el uso de las bases de Rota y Morón para esta ofensiva.
Durante su intervención, el jefe del Ejecutivo ha establecido un paralelismo directo con la guerra de Irak de 2003, señalando que «la historia se repite» con nuevos actores: «A Aznar le han reemplazado Feijóo y Abascal; y a George Bush, Donald Trump». Sánchez ha dirigido duras críticas a la oposición, asegurando que «callar ante una guerra injusta no es prudencia ni lealtad, sino un acto de cobardía y complicidad».
En el plano económico, el presidente ha defendido el Plan de Respuesta a la Guerra —el cual será convalidado este jueves— como el «mayor escudo social de la Unión Europea». Sánchez ha vinculado la geopolítica con el bienestar doméstico al advertir que «cada bomba que cae en Oriente Medio acaba golpeando los bolsillos de nuestras familias», justificando así las rebajas fiscales en carburantes y energía para proteger la resiliencia de la sociedad española.