El CD Lugo y el arte de pegarse un tiro en el pie

Dicen que a la tercera va la vencida, pero en el CD Lugo han decidido que es mucho mejor que a la tercera vaya la decepción con un «mísero» empate en casa. El club lucense parece haber desarrollado un talento innato para el «mal fario», ese que curiosamente siempre suele coincidir con una gestión deportiva digna de un manual de cómo no llevar una empresa de entretenimiento.

Se nos vendió que el cese de Yago Iglesias era la purga necesaria para recuperar la frescura. El resultado es digno de estudio en la NASA: un punto de nueve posibles en los tres últimos partidos . Si esa es la frescura prometida, el equipo ha pasado de estar en la nevera a meterse directamente en el congelador. No es que no se haya dado con la tecla; es que parece que han desenchufado el piano.

Cuando Tino Saqués vendió el club, se olvidó de incluir en el pack el libro de instrucciones de cómo se juega a esto y, lo que es más grave, el de cómo ser un presidente que no viva en un estado de ansiedad permanente. El actual dueño desborda voluntad, de eso no hay duda, pero ha heredado el vicio más peligroso de su antecesor: la prisa patológica.

Es fascinante observar cómo la propiedad ignora que el fútbol, como el buen caldo gallego, necesita cocción lenta. Aquí queremos el ascenso por decreto ministerial, olvidando que:

  • Los proyectos no se construyen en un fin de semana.
  • Llegar y «besar el santo» solo ocurre en las películas o en la mente de los que confunden Primera Federación con la Champions League.

Solo un iluso, o un descerebrado, por llamar a las cosas por su nombre, cree que cambiar cromos en el banquillo cada vez que el viento sopla de cara al Miño va a traer estabilidad. El papel lo aguanta todo: las gráficas de rendimiento, los objetivos de ascenso y las promesas de play-off. Pero el césped es un juez implacable que no entiende de organigramas precipitados.

Si la propiedad no deja que el entrenador perfile la temporada y prepare el terreno para la siguiente, El CD Lugo seguir.siendo ese club con aspiraciones de grandeza y realidades de barro. Señores, la paciencia no es una debilidad, es una herramienta de trabajo. Mientras no lo entiendan, el único «beso al santo» que daremos será el de despedida a nuestras opciones de gloria.

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