Más de 850 personas llenan el Teatro Capitol en el estreno de “Chipre: la isla dividida”, que culmina con una ovación en pie y un público entregado aplaudiendo durante minutos.
El Teatro Capitol de Madrid acogió el estreno del documental “Chipre: la isla dividida”, dirigido por el periodista y escritor David Castillo, ante más de 850 asistentes. La proyección, marcada por el silencio absoluto durante el pase, terminó con una ovación de varios minutos en pie. Hablamos con su director sobre el impacto del estreno, las dificultades del proyecto y un conflicto que sigue dividiendo a Europa más de 60 años después.
P. El estreno en Madrid ha reunido a más de 850 personas en un teatro abarrotado. ¿Cómo viviste ese momento?
R. Fue muy emocionante. Ver el Teatro Capitol prácticamente lleno, con tanta gente, superó cualquier expectativa. Durante la proyección hubo un silencio absoluto, que para mí ya es una señal muy clara de que la gente está conectando. Y al final llegó un aplauso de varios minutos, con el público en pie. Son momentos que no se olvidan, aún estoy en shock emocional de tantas cosas bonitas que viví ayer con la gente, antes, durante y después de la proyección.
P. El documental aborda un conflicto que lleva más de seis décadas sin resolverse. ¿Qué querías contar exactamente?
R. Queríamos acercar al público una realidad que sigue muy presente pero que muchas veces pasa desapercibida. Chipre es un país europeo que lleva más de 60 años dividido, separado por una franja custodiada por Naciones Unidas. Y eso no es una situación de paz, es un cese de fuego. El objetivo era explicarlo a través de las personas que lo viven.

P. Has insistido en la neutralidad del proyecto, pero al mismo tiempo has recibido críticas desde ambos lados. ¿Cómo interpretas eso?
R. Para mí es la mejor señal posible. Hay grecochipriotas que dicen que estamos a favor de los turcochipriotas y turcochipriotas que dicen exactamente lo contrario. Incluso me han llegado a acusar de cosas bastante graves. Pero si ambos lados piensan que no eres neutral, probablemente significa que sí lo eres y que has hecho un trabajo honesto.
P. De hecho, has hablado públicamente de amenazas y presiones durante la producción. ¿Hasta qué punto ha sido complicado sacar adelante el documental?
R. Muchísimo. He recibido presiones, intentos de manipulación, amenazas de muerte… incluso me he jugado mi propia libertad en algunos momentos. Pero eso también te reafirma. Cuando tanta gente intenta que no cuentes algo, es precisamente porque hay que contarlo.
P. En tu discurso inicial fuiste especialmente duro con la clase política. ¿Por qué decidiste posicionarte así?
R. Porque es una realidad evidente. El conflicto sigue abierto después de más de 60 años y eso es, en gran parte, responsabilidad de la ineptitud de los políticos de un lado y de otro. Mientras tanto, la gente sigue sufriendo las consecuencias. Creo que era importante decirlo claramente.
P. El estreno no terminó con la proyección. Mucha gente se quedó hablando vosotros después. ¿Qué te transmitió el público?
R. Mucha emoción y muchas ganas de entender. Para mí eso es lo más importante. Ver que la gente no se va, que se queda, que quiere hablar, que reflexiona… significa que el documental ha generado algo. Y ese era el objetivo.
P. Marisa Pulido ha estado presente tanto en el documental como en el evento. ¿Qué papel ha tenido en el proyecto?
R. Marisa ha sido fundamental. Participa en varias entrevistas del documental y, además, fue la primera persona que confió en este proyecto. Ha estado ahí desde el principio, en los momentos buenos y en los complicados. Su apoyo ha sido clave y creo que ha sido una entrevistadora increíble, que ha sacado lo mejor de todos y cada uno de los entrevistados. Para mí, tiene todo mi respeto y admiración.
P. ¿Qué te gustaría que ocurriera después de que alguien vea “Chipre: la isla dividida”?
R. Me gustaría que la gente fuera capaz de escuchar las dos versiones y de sacar sus propias conclusiones, sin filtros políticos. Y, sobre todo, que entienda que detrás de los conflictos hay personas. Si conseguimos que aunque sea un minuto del documental haga reflexionar a alguien, entonces todo habrá merecido la pena.