Amnistía Internacional recuerda que a solo dos meses del pitido inicial, la narrativa de «unión» de la FIFA choca frontalmente con las políticas represivas y autoritarias de EE. UU., México y Canadá.
El próximo 11 de junio de 2026, el mundo fijará su mirada en Norteamérica para dar comienzo a la Copa Mundial de la FIFA más grande de la historia. Sin embargo, tras el brillo de los estadios de última generación y las cifras récord de recaudación, se esconde una realidad inquietante: un torneo que nace y se desarrolla en medio de una aguda crisis de derechos humanos.
El contraste: ¿Unión global o represión estatal?
Mientras la FIFA despliega su maquinaria de marketing bajo el lema «el fútbol une al mundo», los gobiernos anfitriones mantienen prácticas que dicen lo contrario. Organizaciones internacionales denuncian que la cita mundialista corre el riesgo de convertirse en una vitrina para el autoritarismo y un escenario de impunidad.
- Vigilancia y control: Existe una preocupación creciente sobre el uso de tecnologías de reconocimiento facial y vigilancia masiva que podrían utilizarse contra aficionados y activistas.
- Políticas divisivas: Las medidas migratorias y de seguridad en las fronteras de los tres países contrastan con el espíritu de acogida que debería imperar en un evento de esta magnitud.
- Responsabilidad corporativa: No solo los gobiernos están en el punto de mira; la FIFA, las federaciones nacionales y los grandes patrocinadores son señalados por su silencio cómplice ante la vulneración de derechos.
Un ultimátum para la dignidad
A pesar de la cercanía del evento, los expertos insisten en que aún hay tiempo. La presión internacional es clave para evitar que el Mundial 2026 sea recordado por la represión en lugar del deporte. Se exige que:
- Los gobiernos cumplan estrictamente con el derecho internacional.
- Los organizadores utilicen su influencia para proteger de forma real a jugadores, periodistas, trabajadores y comunidades locales.
- Se garantice un entorno seguro para la afición, libre de perfiles raciales o detenciones arbitrarias.
Amnistía Internacional recuerda «El éxito de un Mundial no se mide en dólares ni en goles, sino en el respeto a la dignidad de quienes lo hacen posible».