El derbi entre el Real Zaragoza y la SD Huesca (jornada 37) terminó en una de las mayores vergüenzas que se recuerdan en la Segunda División. Lo que debía ser una fiesta del fútbol aragonés derivó en una batalla campal protagonizada por el guardameta argentino Esteban Andrada, cuyo puñetazo al capitán oscense, Jorge Pulido, ya da la vuelta al mundo.
La tensión estalló en el tiempo de descuento, con el árbitro Arcediano Monescillo consultando el VAR. En medio de una trifulca verbal, Andrada empujó a Pulido y vio la segunda amarilla. Lejos de acatar la expulsión, el arquero zaragocista sufrió un ataque de ira: recorrió varios metros para propinar un puñetazo directo al rostro del defensor, que cayó fulminado.
El impacto fue devastador, dejando a Pulido con una inflamación severa y un hematoma visible en el ojo.
La agresión fue el detonante de una tangana incontrolable entre jugadores y cuerpos técnicos. En el fragor de la pelea, Dani Jiménez (portero del Huesca) también vio la roja tras responder con otra agresión a Andrada.
El balance para el Real Zaragoza es desolador:
- Resultado deportivo: Derrota 0-1 (gol de Óscar Sielva).
- Consecuencias disciplinarias: Andrada se enfrenta a una sanción que, según el Código Disciplinario, podría oscilar entre los 4 y 12 partidos, además del castigo automático por la expulsión.
«Esta imagen es inaceptable»
Tras el pitido final, el arrepentimiento no tardó en llegar, aunque el daño ya estaba hecho. Francho Serrano, capitán blanquillo, ejerció de portavoz de la vergüenza institucional: “El club no puede dar esta imagen nunca”. Por su parte, el goleador del Huesca, Óscar Sielva, lamentó que el fútbol quedara en segundo plano: “Estas cosas sobran y hay que evitarlas a toda costa”.