La última vez que incluí el acrónimo MASUFA en el título de un artículo fue hace ocho meses, durante los incendios del verano de 2025. Acababa de escuchar a Monrosi en La Sexta TV y me pareció necesario destacar su valentía tras atreverse a llamar por su nombre a Felipe VI, pues no lo hizo para referirse a algún buenismo “real” de los habituales, sino para advertir sobre esa maldad que significa el poder cometer cualquier delito con total impunidad, un privilegio inaceptable que ha querido conservar en su personal beneficio este mismo rey, y lo sigue queriendo con total machaconería y aunque ofenda a millones de personas que se lo pagamos todo, pues ya han pasado más de 2.000.000 de minutos desde que nos lo contó Carmen Calvo y no se tarda más de un minuto en cometer según que delitos graves o gravísimos, pero tampoco en coger el teléfono para llamar desde La Zarzuela al presidente del Gobierno y al líder de la oposición y decirles que le parece bien que se reforme el artículo 56.3 de la Constitución, y usted ya sabe que me estoy refiriendo a suprimir el mismo blindaje aberrante a favor de Juan Carlos I impuesto en 1978 a los padres de la Constitución, pero que habría sido rechazado de plano en las urnas de aquel diciembre si se hubiera votado por separado, y no en una Constitución “ómnibus” para que no se desatara nada importante de lo que el dictador había ordenado dejar “atado y bien atado”.
Y hasta se podría permitir, este MASUFA llamado Felipe VI, el lujo cínico de acusar a ambos políticos de ser unos cobardes por no haber tomado ellos la iniciativa, que a qué viene que un rey tenga que decir lo que está escrito y lo que no en una ley de leyes de un país democrático.
Y si recuerdo lo de Carmen Calvo aquí es porque me gusta molestar a quienes mandan cuando hacen cosas raras, pues sobre aquella denuncia valiente que solo ella reveló durante el paréntesis en el que no mandaba nada, se cierne un silencio tan cobarde que parece conseguido a punta de pistola contra cualquiera que abra la boca.
Creo que las obsesiones íntimas tienen su origen en las cosas que no nos caben en la cabeza, y algo parecido me debe estar pasando, pues sigo siendo incapaz de entender como pudo ocurrir que entre los últimos meses de 2021 y los primeros de 2022 este MASUFA ordenara a alguno de sus empleados que le diera con las puertas del Palacio de la Zarzuela en las narices a alguien como Carmen Calvo, que solo con verla una vez basta para darse cuenta de que los tiene bien puestos y que, por poner un ejemplo, Sánchez le puede ordenar al fiscal anticorrupción que impida como sea que el MASUFA anterior y padre del actual termine en el banquillo de los acusados, pero si a Carmen le llega un día en el que no puede aguantar más con la boca cerrada, hablará, caiga quien caiga.
Por cierto, Carmen, ¿cuándo nos vas a contar lo mucho que te dejaste en el tintero el 9 de mayo de 2022?
Estaba yo dándole vueltas a esta especie de obsesión fundamentada en la fuerza de la gravedad porque si el derecho a cometer delitos existe en la cima de un Estado termina manchando todo lo que esté por debajo, y no es necesario recordar el puesto de este Reino en el ranking de países corruptos europeos cuando, de repente, alguien de mi total confianza me recordó que VERDE no es solo un color, sino también un acrónimo solo para conocedores que, según las circunstancias nacidas de la voluntad popular, se podrían convertir en cómplices, pues son las iniciales de “Viva El Rey De España”.
Acudo al buscador habitual, escribo “verde acrónimo rey” y la respuesta de la IA me confirma el significado y añade que “Históricamente, se utiliza como consigna y símbolo monárquico en clave, especialmente durante la Segunda República española y épocas de restricciones, permitiendo a los monárquicos apoyar al rey discretamente (…) Históricamente asociado al uso de corbatas o elementos de color verde para identificarse entre partidarios de la monarquía”.
En la misma pantalla, la IA me conduce a un artículo de la COPE en el que leo “Es común que cuando acuda al Congreso o mantenga una recepción con políticos, algunos de estos opten por llevar o bien la corbata o un detalle de ese mismo color. Por no hablar del propio Felipe, al que, en las ocasiones en las que se quiere reivindicar la monarquía en nuestro país, se le ha podido ver con corbata verde, lanzando ese mensaje reivindicativo y silencioso tan propio de Zarzuela.”
Al leer la palabra “corbata” no consigo resistir la tentación y escribo “verde corbata Felipe VI” en el mismo buscador, reaccionando la IA en un instante para decirme que “La corbata verde utilizada por Felipe VI en diversos actos oficiales, destacando la final de la Copa del Rey de 2016 y los Premios Princesa de Asturias, se interpreta como un mensaje simbólico. El color verde representa el acrónimo V.E.R.D.E. («Viva El Rey De España»), un guiño monárquico utilizado históricamente para expresar apoyo a la Corona”.
Por lo tanto, a partir de ahora me fijaré en el color de la corbata del MASUFA Felipe VI y de otras personas importantes. Toda vez que sigue tratándose de un símbolo visual para reconocerse los monárquicos entre sí y en “épocas de restricciones” que traduciremos, por ejemplo, cuando la voluntad popular se manifiesta republicana, convendrá investigar todo lo que sea necesario para descartar la posibilidad de que los de “VERDE” no se conformen con el juego de corbatas y decidan organizar otro golpe de Estado.
Advertidos ambos riesgos, el derivado del privilegio de la impunidad y/o el de un ambiente demasiado cargado de corbatas verdes, regresaré al título de esto que ha tenido usted la paciencia de leer.
Decir “Viva” a lo que sea, incluido “El Rey De España” no es ni constitucional ni anticonstitucional pues, como cualquier expresión de ese tenor, solo manifiesta un deseo personal relativo a la continuidad de un cargo político, sea quien sea la persona que lo ocupe pues, por lo demás, se trata de alguien que siempre será mortal.
Por ejemplo, si digo MERDE, es decir, “Muera El Rey de España”, otro acrónimo que también tiene su propio significado como palabra, aunque sea en otro idioma, tampoco Felipe VI deberá sentirse ofendido, pues no me estaré refiriendo a él como persona, sino al deseo de que desaparezca la monarquía de la vida de los españoles sin necesidad de muertos por medio, que cuanta diferencia hubo en vidas perdidas (creo que ninguna, o casi) al pasar de la monarquía de Alfonso XIII a la II República, en comparación con los cientos de miles de muertos (muchos todavía por identificar) que decidieron provocar los asesinos franquistas desde que comenzaron a restaurar la monarquía con el golpe de Estado que perpetraron el 18 de julio de 1936.
Y, aunque para lo de MASUFA en la IA estoy realizando un seguimiento cuyos resultados comenzaré a publicar en breve, es evidente que nadie, y menos él, debería molestarse por elegir las siglas del MAndo SUpremo de las Fuerzas Armadas para destacar la función que le atribuye el 62.h de la Constitución y que, al igual que el privilegio del 56.3, desde aquí me permito aconsejarle que renuncie a ambos, pues la vida da muchas vueltas, los peligros están a la vuelta de cualquier esquina y, cuantos menos cargos y privilegios, menos riesgos.
Definitivo. Por mucho que la trayectoria de este acrónimo en los buscadores y en la IA, desde que a finales de 2022 comencé a utilizarlo, hagan pensar en interferencias sospechosas, MASUFA es impecablemente constitucional y, por lo tanto, seguiré utilizándolo mientras no se produzca la renuncia al 62.h y, mejor aún, si también añade la del 56.3, que nos la merecemos tras soportar el teatro que montó al creerse por encima de la ley con la imposible renuncia a una herencia desconocida, aquella que anunció en marzo de 2020.