La fiebre del «oro de los tontos» en Corcoesto: John Wayne llega a Cabana de Bergantiños en año preelectoral

@gonzalogsoto

Ante el regreso de un proyecto tan controvertido como la mina de oro de Corcoesto, la maquinaria del relato del grupo de gobierrno de Cabana de Bergantiños (PP), ya se ha puesto a cavar a contrarreloj. Pretenden enterrar las dudas legítimas de los vecinos a golpe de promesas brillantes, demostrando que son expertos en la vieja minería política, esa que extrae excusas y manipula la verdad para que lo que es un problema parezca una bendición, activando el manual de distracción masiva, en un intento desesperado de maquillar la realidad y vender, una vez más, humo dorado.

(Recomiendo encarecidamente leer el artículo de ayer. Refleja a la perfección cómo los políticos con poder de decisión manipulan la realidad para favorecer a empresas que vienen solo a explotar nuestras tierras. Al final, ellos se marchan con los bolsillos llenos dejando el monte y los pastos destrozados e inservibles, mientras que la gente del rural se queda totalmente desamparada y a dos velas. Corcoesto (Cabana de Bergantiños): O ouro dos tontos)

El salvaje oeste americano, «Eldorado» ya no queda en California, sino en la tranquila parroquia de Corcoesto. La Xunta de Galicia ha anunciado la reapertura de las minas y, de la noche a la mañana, Cabana de Bergantiños se ha convertido en una película de vaqueros. Dicen que el oro que los romanos se dejaron olvidado en las entrañas de los montes vuelve a estar al alcance de la mano. De hecho, los vecinos más entusiastas ya están desempolvando el pico y la pala en el cobertizo, ensayando la mirada de John Wayne y preparándose para hacerse millonarios antes de la hora de la cena.

Eso sí, conviene que calmen el optimismo. De momento, lo único que abunda con total seguridad en el subsuelo de Corcoesto es la pirita, ese mineral compuesto por sulfuro de hierro, que el saber popular bautizó con el maravilloso nombre de «el oro de los tontos». Brilla como el sol, engaña como el Alcalde, pero no paga las facturas.

Sin embargo, hay alguien que sí ha encontrado un filón de oro auténtico en este asunto, y no es un buscador de tesoros, sino el propio alcalde de Cabana de Bergantiños. Ha sido salir la noticia en los medios de comunicación y desatarse la clásica fiebre de los empleos por los pasillos del Ayuntamiento. Qué oportuno milagro macroeconómico.

A nadie se le escapa que, para las próximas elecciones municipales falta justamente un año. Doce meses perfectos para que el alcalde y sus concejales se dediquen a predicar la biblia de la creación de puestos de trabajo a pie de mina, prometiendo contratos a diestro y siniestro mientras dure la fiebre del oro.

El alcalde José Muiños ha convocado a los vecinos a una auténtica fiesta vaquera en Santa Mariña. El festejo se celebra a escasos cien metros de una de las entradas a las antiguas minas romanas. Un sutil y delicado recordatorio de dónde está el supuesto dinero, por si a algún vecino se le olvidaba a qué venía tanto revuelo.

Se desconoce si el alcalde aparecerá a caballo, con sombrero de ala ancha y luciendo una estrella de sheriff en la solapa, pero la puesta en escena es digna de Hollywood. A un año de las elecciones, la estrategia es cristalina como las aguas del río Anllóns. Llenar la banduca con barbacoa, música country y el eco de los picos romanos de fondo para amenizar la velada, es la mejor porpaganda electoral para las elecciones municipales del 2027.

Mientras tanto, la oposición contempla el espectáculo con cara de circunstancias. Sin pala, sin pico y totalmente descolocada, se ha quedado como convidada de piedra en este wéstern electoral, viendo cómo el gobierno local se sube al carromato del progreso dorado. Habrá que ver cuántos de esos empleos prometidos terminan siendo de oro verdadero y cuántos acaban convertidos, como la pirita, en el oro de los tontos de cada cuatro años.

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