María del Mar Sánchez Sierra es, sin lugar a dudas, una de las figuras más cruciales e influyentes del entorno más íntimo de Alberto Núñez Feijóo, una persona de su total y absoluta confianza. María del Mar es diputada en Cortes por la circunscripción de A Coruña, elegida en las elecciones del 2023.
Su poder se fraguó en Galicia, antes de la llegada del PP al Gobierno autonómico, en la época de Anxo Quintana y Emilio Pérez Touriño, la dupla PSdeG/BNG que derrotó a Manuel Fraga en las elecciones autonómicas. Durante esa etapa, María del Mar Sánchez Sierra, ya coordinaba la relación de Feijóo con los medios gallegos, dictando la estrategia de las notas de prensa y decidiendo los destinatarios en una época donde el impacto de los medios tradicionales era colosal.
Cuando llegó al poder Núñez Feijóo , la nombró directora xeral de Medios de Comunicación de la Xunta, Desde su buraca ejerció un control férreo sobre el mapa mediático. En San Caetano, lugar donde tenia su despacho, gestionaba el reparto institucional de fondos públicos; un oxígeno financiero vital para unas empresas de comunicación obligadas a presentar resultados positivos a final de año. Bajo su mandato, la sintonía con las líneas editoriales era milimétrica, llegando a supervisar con precisión de cirujano la relevancia y el enfoque de determinadas informaciones. Hoy, el auge de los medios tecnológicos y la diversificación digital han transformado sustancialmente aquel ecosistema, pero su metodología de contención y estrategia sigue intacta.
La llegada de Alberto Núñez Feijóo a Madrid no ha cambiado su rol; al contrario, lo ha visibilizado. Si uno observa cualquier sesión en el Congreso de los Diputados, está dos filas por detrás del jefe de la oposición, al lado de Cayetana Álvarez de Toledo, se encuentra la silueta omnipresente de Sánchez Sierra siempre atenta a las palabras de Feijóo
María del Mar es quien dirige los argumentarios, la que revisa los escritos y la que calibra lo que debe decir el líder popular. No pierde detalle: permanece atenta a cada palabra de Feijóo, midiendo la temperatura de la cámara y asintiendo con la cabeza cada vez que el presidente del partido logra lucirse en una réplica parlamentaria. Ella no habla en la tribuna, pero su lenguaje corporal y su mirada demuestran quién pilota la estrategia desde la retaguardia.