El Papa, el fango y la doble vara de medir

La visita del Papa a España ha dejado una imagen para la historia del cinismo político de dimensiones estratosféricas, el apretón de manos entre el Sumo Pontífice y Santiago Abascal. Durante su discurso de bienvenida, el Papa fue meridianamente claro al alertar sobre los peligros de la polarización y al pedir compasión ante el drama de la inmigración. Por eso, resulta sangrante que, en la recepción oficial estuviera en primera línea estrechando la mano del Papa quien representa todo lo contrario en sus propuestas políticas.

Que Santiago Abascal (defensor de la «prioridad nacional» y el cierre de fronteras a los migrantes), busque la foto con el Papa, evidencia una contradicción moral que nos desconcierta a lo católicos. Es evidente que la fotografía busca arañar votos, intentando contrarrestar el rédito político, que la derecha atribuye a Pedro Sánchez por la visita papal. Es la doble vara de medir de una clase política abonada al bulo y a la manipulación informativa.

La elegancia parlamentaria ha muerto, sustituida por un cuadrilátero de barro donde el insulto se ha normalizado. Mientras la atención se desvía con estas «batallas culturales» y fotografías de conveniencia, la derecha y la extrema derecha siguen protegiendo a sus verdaderos amos, el parqué de las bolsas y los grandes intereses financieros. Al final, los de arriba bailan al son de la vieja canción de «todos queremos más», acumulando beneficios a costa del trabajador, que sigue siendo el principal activo de las empresas y el gran olvidado de esta función teatral.

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