Paseo por Dublín desde el Café de Chinitas                   

Escritor

La celebración en Málaga de la fiesta del Bloomsday alcanza ya siete ediciones. Se trata de una celebración a lo grande (con lecturas expresivas y dramatizadas, música y canciones, y sorpresas gastronómicas) de la novela Ulises, del genial escritor irlandés James Joyce. En esta ocasión el escenario elegido para albergarla fue el popular Café de Chinitas en el centro de la ciudad, y se contó con la entusiasta participación de un amplio equipo de lectores y músicos, con la importante colaboración y patrocinio de instituciones que representan a la sociedad irlandesa (con el Consulado General de Irlanda en Málaga) y la cultura local (con la Universidad de Málaga), y con la asistencia de alrededor de 80 personas.

Ulises nos narra el periplo de varios personajes que se van cruzando en el transcurso de un día, concretamente el 16 de junio de 1904, y sus descripciones y diálogos componen una obra trascendente, iluminada y oscura, seria y humorística, ingenua y procaz, crítica y críptica, una novela que sorprende y desarma, sencilla en la epopeya vulgar que cuenta un día por Dublín, pero compleja en los paralelismos clásicos que se ramifican por una estructura que va revelando su carácter innovador capítulo a capítulo, con una solución diferente para cada caso: narración exterior, monólogo interior, crónica costumbrista, lenguaje teatral y epistolar, fórmulas periodísticas y publicitarias, etc. Quien se acerque a esta lectura sin complejos y sin prisas acabará empatizando con el comerciante Leopold Bloom, un hombre humillado; con el profesor y poeta Stephen Dedalus, un hombre desorientado y desmotivado; y con el desparpajo de Molly Bloom, la esposa infiel de Leopold, que protagoniza a sus anchas el célebre capítulo final de la novela.

El Ulises es sin duda una novela emblemática, que concita por igual legiones de rendidos admiradores y acendrados detractores. Hay que aprender a disfrutar de ella sin desesperarse por los laberintos de palabras, sin indignarse por los comportamientos irregulares, sin escandalizarse por pensamientos o expresiones soeces, pero detectando el humor, la ironía, la ternura, la crítica…, asimilando las referencias culturalistas que enriquecen los comentarios y los análisis, y abandonándose a un flujo desordenado de conciencia que nos recuerda sin tapujos el gozo de estar vivo, y que se asoma al sur, al menos una vez cada año, acercando las aguas grises del Atlántico a los azules del mar Mediterráneo y a la brisa y a la luz de las calles y las tabernas de la hermosa ciudad de Málaga.

Enviado por José Antonio Sierra

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