El cancionero de Los Ángeles vuelve a latir en el presente con una fuerza desprovista de toda nostalgia estéril. El lanzamiento del sencillo «Momentos»abre oficialmente una ambiciosa relectura emocional de la mítica banda granadina, en una versión donde la delicadeza expresiva de Anni B Sweet y la guitarra cruda de Pedro de Dios (Guadalupe Plata) dinamitan el concepto tradicional de tributo para inaugurar un diálogo intergeneracional definitivo.
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Cincuenta años después del trágico accidente que en 1976 truncó la trayectoria de Poncho González y José Luis Avellaneda, pilares fundamentales de Los Ángeles, el legado de la mítica formación granadina se reactiva a través de un ambicioso proyecto que trasciende la nostalgia estéril. Bajo el título El Eco de Los Ángeles · 1976 · 2026 · Recordando a Poncho González, esta iniciativa se aleja de la inercia del tributo convencional para proponer una revisión honesta, sobria y visceral de un cancionero imperecedero. La propuesta, que parte del impulso dePopi González y Pablo González, hijos del recordado Poncho, junto a José Antonio Sánchez (Producciones Peligrosas), Miguel Martín (Unidad y Armonía) y Jesús Coca (Alta Solana), eleva este homenaje desde la labor de archivo hasta un ejercicio de preservación estrictamente emocional y familiar, donde Granada vuelve a reivindicarse como ese cordón umbilical inagotable del pop y el rock estatal.
El primer adelanto de esta conmemoración es la relectura de «Momentos», una de las cumbres compositivas de la banda. En este sencillo de presentación, la delicadeza expresiva de Anni B Sweet se funde con la guitarra cruda y afilada dePedro de Dios (Guadalupe Plata), articulando un diálogo donde ambos artistas se sumergen en la melancolía intrínseca de la pieza para reconstruirla desde sus cimientos. Lejos de la complacencia, esta versión ratifica la maleabilidad de una obra destinada a la posteridad y sirve como carta de presentación de un doble álbum que unirá pasado y presente. Si el primer volumen, fraguado hace dos décadas, funcionó como un primer reconocimiento desde la admiración, este segundo volumen cierra el ciclo con una naturalidad pasmosa.
Este doble trabajo discográfico cuenta con las aportaciones de figuras capitales como Soleá Morente, Miguel Ríos, Rafael Amargo, José Ignacio Lapido, José Antonio García y Víctor Lapido (091), Antonio Arias, Juan Codorníu y JJ. Machuca (Lagartija Nick), Jota y Florent (Los Planetas), Juan Alberto (Niños Mutantes), Quini Almendros (La Guardia), Napoleón Solo y Unidad y Armonía, a los que se suman Paulina del Carmen y Tessa Olmos, entre muchos otros, quienes representan la mirada de una generación actual y joven que recoge el testigo dentro de un elenco donde conviven la veteranía y la vanguardia.
Todo un despliegue de talento que demuestra cómo la estructura de las composiciones originales de Los Ángeles posee la solidez necesaria para soportar la transmutación sonora sin perder un ápice de su identidad fundamental. No se trata, por tanto, de interpretar partituras ajenas, sino de salvaguardar la memoria viva de quienes fueron pioneros indiscutibles de nuestra modernidad musical durante las décadas de los sesenta y setenta.
En torno a la conmemoración de este 50 aniversario, se desarrollarán diversas actividades paralelas que servirán de complemento visual, teórico y documental a la edición del doble álbum.
Durante el último trimestre de 2026, se articulará un programa que incluirá un recorrido a través de material inédito, archivos de prensa, objetos personales, cartelería original y proyecciones, ofreciendo una visión poliédrica de la trascendencia del grupo y de su ciudad de origen como eje neurálgico de la cultura popular.
Asimismo, un ciclo de conferencias junto a especialistas y músicos analizará la génesis de la música popular en nuestro país, en unas jornadas de justicia histórica que culminarán con un concierto conmemorativo con un cartel irrepetible de artistas invitados. El Eco de Los Ángeles no pretende ser un epitafio cerrado, sino una conversación artística abierta que se niega a quedar sepultada por el polvo del tiempo, demostrando que estas canciones solo esperaban el momento preciso para volver a arañar el presente.
El Eco de Los Ángeles se consolida así como un puente imprescindible entre dos épocas. Un ejercicio de justicia poética e histórica que demuestra que las grandes composiciones nunca mueren, sino que simplemente aguardan el momento exacto para volver a arañar la sensibilidad del presente.