La Consellería do Medio Rural camina sobre las brasas de su propia desidia forestal

Mientras toda España se estremece con el corazón encogido por la reciente tragedia de Almería, donde doce personas han perdido la vida atrapadas por las llamas, en San Caetano se relajan escuchando a Julio Iglesiasl, a vida sigue igual. En la Consellería do Medio Rural de la Xunta de Galicia, la opacidad es el pan nuestro de cada día. Vivimos en una comunidad que camina a ciegas sobre las brasas de la imaginación política, gobernada por una administración abonada a la fantasía presupuestaria, pero incapaz de buscar soluciones reales sobre el terreno.

La madrugada del 10 de julio de 2026, el municipio lucense de Guntín se convirtió en el último escenario de una catástrofe evitable. Un incendio originado en la parroquia de Sirvián devoró 32 hectáreas oficiales, 400 según fuentes a pie de campo, cercando el núcleo de Albelda. El despliegue de extinción fue masivo, pero la realidad es tozuda, el fuego no se frena solo con mangueras cuando la gestión previa brilla por su ausencia.

El marco climático es extremo, con Vigo batiendo récords de 39,12 °C y 138 concellos en alerta máxima. Sin embargo, culpar únicamente al termómetro es la coartada perfecta para una Consellería do Medio Rural cuya política forestal oscila entre la incompetencia y la complicidad con el riesgo.

La respuesta de la Consellería do Medio Rural ante la crisis actual, evidencia su desconexión con la realidad del monte. La imposición de restricciones horarias absolutas a la maquinaria agrícola entre las 12:00 y las 18:00 horas no es prevención; es una parálisis impuesta. Agricultores y comuneros denuncian que este veto impide desbrozar y recoger la hierba seca justo cuando más urge limpiar.

La Xunta traslada la responsabilidad al eslabón más débil mientras sus propios deberes quedan sin hacer. Vecinos de Herbón, Boborás y Padrón ya denunciaron que las franjas de seguridad junto a sus casas seguían llenas de maleza, a pesar de que la administración autonómica ya había cobrado las tasas para su limpieza.

Alfonso Rueda promete, pero no cumple

La catástrofe no es un azote divino, sino el resultado directo de compromisos políticos de papel. Tras el trágico 2025, donde ardieron más de 118.700 hectáreas en la peor oleada del siglo, el presidente Alfonso Rueda prometió que la Xunta asumiría el desbroce en los 295 municipios de menos de 10.000 habitantes. El plazo expiró y el balance del Plan de Prevención y Defensa contra Incendios Forestales (PLADIGA) 2026 es vergonzoso: 206 de las 276 parroquias declaradas prioritarias siguen abandonadas a su suerte.

No faltan fondos; falta voluntad política. La desidia institucional se ha consolidado como la verdadera estrategia de gestión de Medio Rural, que prefiere reaccionar tarde ante las llamas antes que ejecutar las limpiezas que los ciudadanos ya han pagado de sus bolsillos.

La farsa de la moratoria del eucalipto y el apagón informativo

El motor verde de los incendios gallegos tiene nombre propio: el monocultivo de eucalipto. A pesar de que la Xunta anunció a bombo y platillo una moratoria para nuevas plantaciones a partir del 1 de enero de 2026, la realidad en el monte es el descontrol. Las plantaciones de esta especie pirófita siguen expandiéndose sin sanciones ni inspecciones reales, blindando un modelo caduco supeditado a los intereses de la industria de la celulosa.

Para tapar el fracaso, la Consellería ha optado por el apagón informativo. Mientras el país llora los muertos de Almería y exige máxima transparencia ante la emergencia climática, la Plataforma por un Monte Galego con Futuro, que agrupa a 70 colectivos, denuncia una censura flagrante en el baile de cifras de hectáreas quemadas en concellos como A Mezquita o A Capela. La opacidad es el escudo de su inacción.

Las advertencias técnicas son demoledoras. Juan Picos, subdirector de la Escola de Enxeñaría Forestal de Pontevedra, ha alertado con precisión quirúrgica de que Galicia reúne los mismos tres factores que desencadenaron la desgracia andaluza: zonas de interfaz urbana sin limpiar, orografía compleja con viviendas aisladas y una total ausencia de planes de evacuación coordinados.

Desde la primera línea de fuego, el bombero forestal Xulio Saiáns califica el PLADIGA 2026 de herramienta inútil y desactualizada, aprobada de espaldas a los profesionales y sin evaluar los fallos del año anterior. Medio Rural no aprende de sus errores porque ni siquiera se molesta en analizarlos.

Un balance demoledor

Galicia concentra el 46% de los incendios intencionados de toda España y 69 de los 100 municipios con mayor siniestralidad del país son gallegos. Frente a este polvorín, la desatención post-incendio es alarmante: de las más de 208.000 hectáreas arrasadas el año pasado, la Xunta solo ha intervenido para restaurar un ridículo 0,16% del terreno.

La oposición política exige un giro de 180 grados. Ana Pontón (BNG) clama por el fin del monocultivo y el impulso de un monte multifuncional, recordando que en comarcas como Valdeorras y O Ribeiro ardieron fincas que la Xunta se había comprometido a limpiar. Por su parte, el socialista Julio Torrado tacha la gestión de «dramática» ante la total pasividad del gobierno autonómico frente a la crisis climática.

Medio Rural perpetúa un modelo obsoleto

La Consellería do Medio Rural ha decidido mantener intacto un sistema obsoleto que enriquece a unos pocos a costa de quemar el futuro de todos. Con las barbas de Almería a remojar, la pregunta ya no es si el monte gallego volverá a arder, sino cuándo pagará la ciudadanía el precio de la incompetencia y el secretismo de sus gobernantes.

Comparte éste artículo
No hay comentarios