Cuenta la historia de un hombre de mediana edad que, a finales de 2023, acudió al servicio de Oftalmología del Hospital de Verín. El buen hombre perdía visión a pasos agigantados desde hacía cuatro meses: de miope moderado pasó, en tiempo récord, a serio aspirante a Rompetechos. Ya no podía conducir de noche, ni leer la prensa, e incluso le costaba atinar con la puntería en la taza del váter.
El especialista que lo atendió fue profesional, correcto y dolorosamente sincero. Le vino a decir algo así: «Tiene usted unas cataratas galopantes, plenamente operables, pero debe esperar. Su pérdida de visión aún no alcanza el estándar preciso para ser intervenido en el CHUO; la lista de espera es interminable».
Al macho man verinense, corto de vista y también de ingresos, le quedaban dos salidas: pedir cita previa para la ONCE o rascarse el bolsillo, dinero del que no disponía, para acudir a una clínica privada en Ourense, Santiago o Vigo.
Optó por la segunda. El trato en la privada fue tan costoso como ágil e impecable: a principios de 2024, el casi invidente ya podía releer la Biblia, consumir telebasura y guiar su vehículo hasta Chaves para comer bacallau. Una excelente inversión y una decisión atinada, según reconoce el propio afectado.
Ayer, casi tres años después, el célebre excegato comprobó con estupor que sigue figurando en la lista de espera del Sergas.
Hace solo unos días, el pueblo de Verín se echó a la calle por millares para clamar contra las sangrantes carencias de su hospital. Tienen toda la razón los vecinos; no así el botarate del gerente del CHUO.
Que pase el siguiente candidato a Rompetechos.
Fotografñia. Páxinas Galegas