Que el Estado de Israel está cometiendo un genocidio en Gaza es ya un clamor mundial. En solo mes y medio, el ejército israelí ha bombardeado indiscriminadamente edificios residenciales, hospitales, escuelas o templos religiosos, causando más de
12.300 víctimas mortales y 6.000 personas desaparecidas. Y las cifras no dejan de aumentar día a día. Por citar un ejemplo reciente, el pasado sábado 18 de noviembre, el ejército israelí bombardeó las escuelas de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (UNRWA), asesinando a 176 personas y dejando a otras 800 heridas, según cifras aportadas por el propio organismo internacional. Estamos asistiendo, por tanto, a un genocidio planificado, a cuyas imágenes tiene acceso todo el planeta. El mundo puede ver a diario, con perplejidad y rabia, las imágenes de la barbarie sionista y las declaraciones criminales que realizan altas personalidades del país hebreo llamando a aniquilar a la población palestina en Gaza.
A día de hoy, lunes 20 de noviembre, cuando se celebra el llamado “Día Internacional de la Infancia”, el ejército de Israel ya ha asesinado más de 5.000 niñas y niños en Palestina. Asimismo, el Estado sionista ha declarado “non grata” a la propia Organización de Naciones Unidas (ONU) y ha pedido la dimisión de su secretario general, el portugués Antonio Guterres, por haber asegurado que “Gaza se está convirtiendo en un cementerio de niños y niñas”.
En este contexto, es inevitable que la presencia del equipo de baloncesto israelí Hapoel Holon B.C. en Lugo rebase el ámbito estrictamente deportivo. Más aún, después del uso propagandístico que el equipo israelí hizo del partido de ida jugado contra el CB Breogán en la capital de Letonia, con las cámaras de televisión como altavoz. Durante toda la retransmisión, una bandera gigante del Estado de Israel adornó la grada, en cuyos asientos se distribuyeron fotografías de las personas retenidas por Hamás desde el 7 de octubre. Además, los jugadores portaban camisetas reivindicativas y en la grada pudieron verse personas aficionadas del equipo con banderas israelíes a pesar de tratarse, teóricamente, de un partido a puerta cerrada.
Es legítimo que el equipo técnico y los jugadores del Hapoel Holon reivindiquen el regreso a casa de sus compatriotas, pero es absolutamente ilegítimo que lo hagan aprovechando un partido de baloncesto contra un equipo extranjero, asumiendo el papel de únicas víctimas, cuando el ejército ocupante de su país está cometiendo un genocidio con la población palestina de Gaza y Cisjordania, que en el momento de jugarse el partido ya había asesinado a 4.600 niños y niñas en solo un mes.
La Basketball Champions League (BCL) es un torneo creado y gestionado por la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) para el continente europeo. Se trata del mismo organismo que el pasado año tardó menos de una semana en prohibir la participación de clubs y árbitros de Rusia en todas sus competiciones, tras la entrada del ejército ruso en Ucrania. Ahora, en un mes han sido asesinados más civiles en Palestina que en los dos últimos años de guerra en Ucrania. Sin embargo, a los equipos israelíes no solo se les permite participar en las competiciones europeas sino que, además, gozan de un claro trato de favor, pudiendo utilizar los partidos para sus reivindicaciones mientras a las aficiones de los equipos contrarios se les prohíben taxativamente.
Desde Lugo por Palestina lamentamos que la presencia de un equipo israelí venga a alterar la convivencia en una ciudad absolutamente pacífica que va a sufrir un blindaje policial que, además de causar trastornos y molestias, correrá a costa del erario público. Algo que ya sucedió en el partido de la Euroliga que disputaron el Valencia Basket y el Maccabi Tel Aviv el pasado 18 de octubre en la ciudad del Turia, donde se desplegaron 700 policías y se produjeron, entre otros problemas, atascos de tráfico que mermaron la afluencia de público al partido. Además, la afición debió pasar por controles rigurosos y la policía confiscó, de manera absolutamente irregular, banderas palestinas. Sin embargo, se permitió al equipo israelí desplegar banderas de su país durante la presentación de los jugadores.
Desde Lugo por Palestina afirmamos que si estos hechos se repiten en Lugo se mancillará el nombre de una ciudad tradicionalmente comprometida con la paz y en contra de la guerra, y con la gravedad de que se producirán en un pabellón público, propiedad de una institución pública y, por tanto, perteneciente a toda la sociedad lucense. Precisamente, la cifra actual de niñas y niños asesinadas por Israel en mes e medio equivale al número de asientos de los que dispone el Pazo Provincial. Por eso, exigimos que se garantice el ejercicio de los derechos y libertades constitucionales, permitiendo protestar pacíficamente a aquellas personas que deseen hacerlo. De hecho, numerosos juristas y organizaciones sociales han mostrado ya su inquietud por las restricciones de los derechos a la libertad de expresión y de manifestación que se están produciendo por este tema en todo el Estado.
Sin entrar en los motivos por los cuales se permite competir en Europa a equipos israelíes que no pertenecen a este continente (tema que merecería un largo debate), Lugo Por Palestina condena que en el actual contexto la FIBA permita la participación de equipos israelíes en la BCL y Euroligue, más aún cuando los tres equipos israelíes de baloncesto que participaban en la FIBA Europe Cup, otra de las competiciones europeas, anunciaron el pasado 30 de octubre que se retiraban del torneo.
Lugo por Palestina demanda del gobierno central y de las autoridades deportivas, que promuevan en los organismos internacionales la prohibición a los equipos israelíes de participar en sus competiciones, especialmente las europeas, mientras Israel continúe realizando el genocidio contra el pueblo palestino, mientras siga ocupando ilegalmente su territorio, y mientras no sean sentados ante la Corte Penal Internacional (CPI) para ser juzgados por crímenes de lesa humanidad los integrantes del gobierno sionista, supremacista y de extrema derecha que dirige Israel, con Benjamín Netanyahu al frente.