RC. Deportivo. Pobres exquisitos, ricos miserables*

Técnico de Fútbol Profesional

“No existe mayor muestra de corrupción, que la de aceptar un cargo para el que no estás preparado”

Cuenta la leyenda que a principios del siglo XX nace, crece y se reproduce el sentimiento deportivista, heredado y traspasado de generación en generación, en medio de una carga de frustraciones, emociones contenidas y alegrías desbordadas a partes iguales. Deportivismo, últimamente rico en sinsabores de otrora exquisitos paladares (Bebeto, Djalma, Fran…), hoy de amargos resultados, resiste estoico a la mediocridad del momento.

De fútbol entiende todo el mundo hasta que llega la hora de tomar decisiones.

Todo esto producto de la erosión institucional huérfana de artesanos del oficio (la clave de todo), en algunos casos secuestrados y en otros apartados, incluso rechazados por este grupo de pseudo directores de “ciertopelo” que, actuando como excelentes actores de comedia y drama, han convencido a la propiedad (Abanca) de conocer el camino y la solución a los problemas que nunca antes tuvieron que enfrontar. De fútbol entiende todo el mundo hasta que llega la hora de tomar decisiones.

Llama la atención que cada jugador que “ata” el actual RC Deportivo llega con la etiqueta de haber renunciado a cotas más altas, perdiendo dinero y prestigio. Pero llegado el momento de salir del club nadie quiere irse a ganar en otra parte lo que dijeron haber perdido por venir. En ese caso, el sacrificado tiene que ser uno de la casa “OsNosos” que denominan ellos…porque, aunque de vocabulario ricos, de fútbol andan pobres.

Cuatro años lleva la pancarta de “nos van a ver volver”, una de sus célebres mentiras acuñada como moneda de cambio.

Y en medio de los pobres exquisitos y los ricos miserables, aparece el equipo como el muro que divide las ilusiones de unos y la incompetencia de los otros. Expertos estos últimos, en moldear la realidad, en no entender lo entendido para negar lo innegable: cuatro años lleva la pancarta de “nos van a ver volver”, una de sus célebres mentiras acuñada como moneda de cambio.

El muro (equipo) interpuesto entre la afición y la dirección, fue construido sin planos ni arquitecto, con una visión equivocada – cuatro años a la deriva lo acreditan – posiblemente sin licencia, tratando de inventar algo que ya está inventado, que solo precisa de actualizaciones y mejoras periódicas por técnicos cualificados. 

Para ellos, los ricos miserables, cada uno de los pobres exquisitos es nadie. Verano tras verano son atraídos con promesas sin fundamento; bienvenidos y, una vez hallados, pierden su valor de inmediato y solo en momentos puntuales recuperan su rango, dejan de ser nadie para convertirse en un movimiento que se revela en el estadio en desacuerdo con lo que les prometieron que iban a tener y lo que tienen. Pero para desgracia de los unos y tranquilidad de los otros, una vez fuera de Riazor todo se diluye para retornar a la posición de nadie. 

Así se escribe la historia de los ricos miserables y los pobres exquisitos: 

Entregados a la causa, sentimiento y lealtad 

Comprando con promesas su lado más emotivo

La fórmula perfecta de hacerse con el Deportivo

Que todo lo vuestro es nuestro, la única verdad.

*Joaquín Sabina

Comparte éste artículo
No hay comentarios