Escalada bélica, descenso a los infiernos. Por José Manuel Dapena Varela

Abogado

El 2022 le dijo al 2021: “Tanta paz lleves, como descanso dejas”.  Y el 2021 le replicó: “Que lo peor de mi pasado sea lo mejor de tu futuro” (o algo así…). En esas estábamos, cuando a Putin se le ocurrió soltar: “Sujétame el cubata…”. Y todo estalló hecho añicos. Tenemos la guerra en la puerta de casa: el Mar Negro es un mero un apéndice del Mar Mediterráneo, el Mare Nostrum. Nuestro continente, Europa, vuelve a ser un campo de batalla.

Andamos, en estos tiempos, de aldabonazo en aldabonazo, de sobresalto en sobresalto, de la sartén al fuego. No habíamos despedido (ya no digo superado) la pandemia del coronavirus y ya estamos inmersos en una guerra en Ucrania de final incierto, de presente devastador y de efectos insospechados.

 Nos engañaríamos si, sentados en nuestros sofás con el mando del televisor en la mano, nos ciñéramos a los kilómetros de distancia que separan Kiev de nuestros hogares y consideráramos que, como Irak, Afganistán, Palestina, Taiwán…, los conflictos nos quedan muy lejos. Para nada.

Los dramas humanos (ajenos a la geopolítica) asaltan nuestras miradas y nuestros corazones a través de las pantallas y de las imágenes en los periódicos. A la conmoción sentimental se une el terremoto económico que sacudirá nuestros bolsillos. Si el alza de precios de productos y suministros básicos se disparaba en estos últimos meses, lo que se avecina repercutirá de modo estremecedor (es de temer) en las economías domésticas.

Ante la invasión de Ucrania por las tropas rusas (como en tantos otros temas) el mundo en general y Occidente en particular reaccionan con cierto infantilismo (permutad ese término, si queréis, por otro que estiméis más apropiado): manifestaciones solidarias, concentraciones de repulsa, iluminación de edificios o monumentos con los colores de Ucrania, mensajes en redes sociales… (entono mi singular mea culpa). Todo muy estético, muy instagramer, muy influencer, …, pero escasamente efectivo en la práctica.

¿Conseguirán las sanciones económicas detener la guerra y harán retroceder la invasión, o tendrán efecto boomerang? Con Eurovisión y la UEFA no creo que sea suficiente…. ¿Para qué están los organismos internacionales? ¿Qué ocurre con la ONU, la OTAN, la UE, …? Vivíamos en el espejismo de que todas estas instituciones nos permitirían vivir en paz indefinidamente. Aun con nuestros problemas cotidianos, con nuestras cuitas diarias, ¿hay algo mejor que vivir en paz?

Os diréis: si opinas así sobre la futilidad de esas acciones individuales y colectivas para detener la guerra, ¿qué haces escribiendo esto? Os confieso que escribo tan solo para no pensar que el futuro es el pasado que vuelve

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