Napoleón, cine total, cine en su máxima calidad, con jabalíes en la sala de proyección

Comienzo esta crónica para ti, docto, libre, dilecto y desacomplejado lector que me sigues los escritos, con esta crónica cinematográfica del estreno de ayer en los cines de La Coruña del largometraje Napoleón superproducción de Ridley SCOTT.
Realmente parecería más apropiado titular la película como Josefina, ya que casi todo el desarrollo fílmico se centra en ese personaje femenino que tanto influyó en el emperador francés. Me produce desazón asistir a la presentación de un estreno de una superproducción extraordinaria y ver solamente un veinte por ciento de las butacas ocupadas. Muy poca taquilla. Pocos espectadores en un gran estreno, decadencia del cine, el futuro es estar vegetando en el sofá de casa engordando como viendo series y más series de telebasura. Ya no importa ni la cultura, ni la Historia.
El titular de la crónica relata «jabalíes en la sala» y nada más cierto que ello; en los cines, actualmente, en lugar de asistir a la proyección de una película simplemente, se asiste al ruido que producen los jabalíes-cerdos-cerdas que entran en la sala de proyección con sus paquetes de palomitas, bolsas de gusanitos y toda esa porquería maloliente que impregna la sala, mientras estás viendo un peliculón como es «Napoleón» haciendo que, por momentos te surja la idea de estrellárselos en la cabeza en pleno fragor de la batalla de Waterloo, y durante la proyección se oyen gritos como «apaga ese móvil, idiota».
Por eso, mucha gente normal y corriente no acude ya al cine, que se ha convertido en una sala de comepizzas, come gusanitos y come palomitas asquerosos que «fozan» en las bolsas plásticas como los jabalíes en busca de basura. Ellos son basura… adjunto las fotos donde se ven los restos de esta piara de cerdos que acuden al cine y que dejan sucias las moquetas y asientos de tan excelente sala.
Kevin Walsh, productor ‘Todo el dinero del mundo’ (2017), ‘El último duelo’ (2021) o ‘La casa Gucci’ (2021), preguntó a Ridley Scott hace un par de años: ‘¿Cuál es la película que todavía no has sido capaz de hacer?’ Y él respondió: ‘Napoleón’. Así que la elección de su siguiente proyecto juntos quedó clara en ese momento. ‘Era un estratega increíble y un político asombrosamente intuitivo y despiadado. Además, me fascinaba cómo un hombre así, en el momento en que se dirigía a tomar Moscú, estaba tan preocupado de lo que su mujer hacía mientras tanto en París’. Así que construyó su película sobre estos dos pilares: sus campañas bélicas y su pasión por Josefina. La empresa es de una escala que resultó inmanejable hasta para el propio Stanley Kubrick, quien jamás llegó a rodar esta película porque no sabía cómo abarcar la magnitud del proyecto.
Yendo al relato de la película, nos evocó la música de El Padrino, las frases de «abogado dónde estás» de Robert De Niro, las imágenes de Lawrence de Arabia, la espectacularidad de Rebelión en la Bauntie, las magníficas vistas de las pirámides y de los buques de guerra de la época de los bucaneros. Un cine prodigioso, total amplio, que, sin embargo, tuvo la carencia de una gran composición musical acorde a semejante personaje, y sobre todo, que no subiera reflejado en ningún momento la bandera de España en el filme, o su importancia por haber sido la primera nación que le dio la primera hostia a Napoleón en nuestra batalla de Bailén, haciendo que se replegara de España en 1808 durante nuestra Guerra de la Independencia.
Por otro lado, está el papel que le encomiendan a Josefina, a la que Ridley Scott le da un personaje tremendamente sensual y sexual; es más, en dos escenas de la película bien definidas, Napoleón encula a la emperatriz en sus aposentos, sin recrearse en la magnificencia de los muebles, de las camas con dosel, de los cuadros, de los artesonados de la sala, sin hacerlos relucir, solamente representando el acto sensual enculando a la buena actriz, que representó a Josefina en la película; se echan en falta esos grandes salones versallescos de muebles de ebanistas excelentes, maestros del arte en la madera, realmente autores de grandes obras de arte, maestros de obras palaciegas cuando aún no existían ni arquitectos ni ingenieros, solo maestros constructores de palacios bellos y jardines con lagos exquisitos, de grandes pintores de la época de cuadros de gran formato, de grandes decoradores que hacen que la época napoleónica represente, a mi modesto entender y gusto particular, para la Humanidad, la excelsitud de la elegancia, la belleza, la cultura y el desarrollo del entorno del ser humano más bello que jamás existió y que nunca volverá.
La película merece un aprobado general tirando a alto, porque hoy se echan en falta estas superproducciones y se exceden las productoras haciendo películas melifluas de problemas personales desarrollados en una sola habitación, o en un solo edificio, o simplemente en una sola localidad; este cine total es el que realmente vale y enaltece el Séptimo Arte, lo demás es mediocridad.
En España se producen al año cerca de quinientas películas, de las cuales ninguna llega a ser representación española en los grandes eventos internacionales como los Óscar de Hollywood, tanta mediocridad junta… ¿No interesa más hacer una sola película buena española que quede para la posteridad, que quinientas que no llegan a la categoría ni de documental? Pues eso. La cinematografía española es, en general, mediocre.
Después de una buena película merece la pena una buena cena, sencilla, suave, en donde puedas comentar los detalles del film que acabamos de ver, y así hicimos, al amparo de una ensalada con tortilla española y unos calamares de la ría que nos dieron fuerza, como en su época la olla podrida, el jamón y el vino español se la dieron a nuestros compatriotas para echar a Napoleón de España.
En el exterior del cine, en los pasillos, estaba representada una escena napoleónica, en donde un inglés de pro, mi buen amigo Marc Mark Guscin representaba honrosamente disfrazado con bella uniformidad y gran dignidad a las fuerzas que se confabularon contra Napoleón (que les había hecho estragos al Imperio Británico hasta tal punto que temieron perder su identidad), y de cuyo ejemplo más cercano tenemos la huida desde La Coruña de las tropas de John Moore, aquí muerto y vencido, asediadas, acosadas, perseguidas por el general Castaños y el general suizo Reding, y vencidas por los franceses en la Batalla de Elviña, cuyas tropas napoleónicas se quedaron victoriosas en La Coruña señoreando la ciudad durante meses hasta que los llamó el propio Napoleón a la metrópolis del Imperio haciéndolas replegar. Y en Bailén, Jaén, la primera derrota de Napoleón. Lo superó el general Francisco Franco, el más joven de Europa, al que, al revés que Napoleón, nunca perdió una batalla en la que peleó. Murió invicto.
Cuando estuve en París, la segunda vez, fui a ver la tumba de Napoleón Le Tumbeau, que es, hoy por hoy, después del Museo del Louvre y Versalles, el monumento que más turistas concita Francia, gracias a este personaje histórico; allá son chauvinistas y no desprecian al que les da fama, sea quien sea, al contrario que aquí en España con la memoria democrática, que le quitan valor a lo nuestro. En Francia se le da valor a lo suyo y en Inglaterra se valora lo inexistente, inventan victorias que nunca existieron, y en España está claro que con la primera derrota de Bailén empezó el declive de Napoleón.
No dejéis de ir a ver esta película, las dos horas y media vuelan como las balas de los cañones de Borodinó, con acento en la o.

¡Salud, libertad, cine, gastronomía, vida y disfrute, compatriotas!

Comparte éste artículo
1 comentario