El hijo de Damián y María. Por Iñaki Anasagasti

por Iñaki Anasagasti

“Ser Lehendakari te da poder y el poder siempre altera a las personas. Pero me decía para m, tranquilo José Antonio, cuando pase esto, volverás a ser el hijo de Damián y María, que es lo eres ahora, nada más y nada menos”.
Buena máxima que resume las trayectorias vitales de los Lehendakaris del EAJ-PNV. Personas cristianas, con principios, solidarios, al servicio de un país, empeñados en representar a toda una sociedad y Ardanza cumplió perfectamente este papel. Llegó a presidir una Euzkadi enferma con un partido destrozado y fue el mejor médico para curar a ambos. Siempre el PNV acierta con sus electos, porque forman parte de una familia que tiene estos valores. Lo hemos visto en su despedida. Dolor, respeto y reconocimiento.
Hijo de gudari, huérfano de madre, nació en Elorrio, formó parte de la clandestinidad, pasó por Derio, vivió en Ondarroa, trabajó en las Cooperativas, fue alcalde de Arrasate poniendo los plenos a las ocho de la mañana para que los de HB no se los reventaran a las tardes como hacían, Diputado General de Gipuzkoa, Lehendakari durante 14 años. Le voté como parlamentario dos veces para que fuera Lehendakari. Fueron momentos muy duros y difíciles pero el PNV subió la cuesta y está donde está, entre otros, por él.
MENUDO MARRON
La fotografía es del 27 de enero de 1985. El Lehendakari tiene cara de circunstancia. Seguramente estaba pensando “menudo marrón en el que me han metido estos que aplauden”. Se les ve en la foto a José Antonio Loidi, Juan Ignacio Uría, Sabin Intxaurraga, Iñigo Aguirre, José Antonio Ardanza, Juan José Ibarretxe, J. J. Otxoa de Eribe, Pepe Rubalcaba, Ángel Larrañaga, y Javier Caño. Yo estoy en la fila anterior, con el resto de parlamentarios del Grupo EAJ-PNV. El pleno había sido muy tenso ya que el portavoz del PNV, José Ángel Cuerda había tenido un discurso desleal e impropio del momento..
El PNV vivía un momento de gran enfrentamiento. Un extenuante deterioro interno que todavía hoy se recuerda y no se toca ni con el pétalo de una rosa. Mejor. Nunca debió ocurrir. EA hoy malvive en Bildu, el EAJ-PNV ha recuperado gran parte de su liderazgo anterior y muchos de los que decidieron legítimamente optar por un nuevo partido han vuelto a casa sin el menor problema, entre otras razones gracias a Ardanza, y bienvenidos sean y esa es la decisión. El país avanza según la fórmula de la sensatez y con la brújula en su sitio, sin abdicar de sus principios fundacionales.
Y en esta experiencia Ardanza, que había sido alcalde de Arrasate y Diputado General de Gipuzkoa, tuvo un papel fundamental en su recuperación. Le dio serenidad a la situación, retomó los retos de todo tipo que tenía una sociedad con todos los frentes abiertos para ir solucionándolos y con el Pacto de Ajuria Enea luchó por la erradicación definitiva de ETA. Fue elegido y reelegido, dejando en 1999 su representación, tras elecciones, a Juan José Ibarretxe su Vicelehendakari y se retiró dignamente. Fueron nada menos que catorce años claves de presidencia. Nadie puede desconocer este hito.En la figura de Ardanza se personalizan las apuestas de él y del PNV en los años de plomo.
Como todo político de valía tuvo correligionarios, amigos, enemigos, adversarios, colaboradores, hagiógrafos y seguidores pero nadie pone en duda el papel clave que jugó en aquellos muy duros 14 años.
Hace un mes, Iñigo Agirre, de Elorrio como él, profesor, diputado y parlamentario me preguntó por una fecha. Quería hacer una nota. Para saberlo le llamé al Lehendakari Ardanza. Me atendió inmediatamente y me contestó con amabilidad y lucidez, pero quedé muy preocupado por su hilo de voz. Pensé que lo teníamos para poco, como así ha sido.
EN EL SENADO
Permítanme contar una de las muchas vivencias de aquellos años que han traído éstos. El estatuto estaba atascado. No se movía ni una coma. Ante eso el lunes 24 de mayo de 1987, el lehendakari viajó a Madrid con el fin de hacer buena pedagogía y exponer en el Senado la situación del estatuto de Gernika y el encaje del mismo en el engranaje de un estado que no cumplía la ley. Era la primera vez que un Lehendakari Iba al Senado y Ardanza fue al mismo cargado de una pieza muy elaborada, que en síntesis venía a decir algo tan obvio como que para los vascos el estatuto no era una descentralización administrativa sino la contribución a lograr gradualmente la solución de un conflicto histórico y sobre todo una ley orgánica de obligado cumplimiento atascada por la mayoría socialista y la alta administración del estado. Había pactado con el PSE y Ramón Jauregi era el vicepresidente de su gobierno.
Desgraciadamente, el período electoral, la conflictividad so¬cial, las entrevistas de Redondo y Camacho con Felipe González y sus forcejeos, el debate sobre el proyecto de ley de televisión privada y una pléyade de continuas noticias, amén de un cierto interés en tapar la comparecencia, hicieron que la misma casi pasara desapercibida o por lo menos no tuvo el necesario impacto en la opinión pública. Lo político en clave constructiva, como era, casi nunca es noticia destacable.
Sea como fuere, a mí me pa¬reció una comparecencia valiente, bien expuesta, sin ambigüedades de ningún tipo con un lenguaje inteligible y llamando a las cosas por su nombre. Y si en la exposición fue así, en las respuestas a los distintos grupos el Lehendakari dio muestras de un gran aplomo, claridad de ideas, valentía en la defensa respetuosa de sus postulados y gran capacidad dialéctica.
Y no lo vimos así nosotros los diputados que fuimos aquel día al Senado. Fue el comentario unánime de la prensa allí convocada. Lástima que cuando se habla tan claro, otros Imperativos silencian estos hechos.
Porque Ardanza habló fundamentalmente de la singularidad del estatuto vasco. Sin caer en insolidaridades arrojadizas, el Lehendakari dejó bien sentado que cuando se negoció dicho estatuto se abordó el tratar de solucionar un problema. A preguntas de un senador sobre si creía conveniente que las autonomías tuvieran igual grado competencial que la vasca, el Lehendakari contestó que eso dependía del grado de demanda real de esa sociedad. En el caso de la vasca y la catalana, esa necesidad existía, del resto no podía opinar porque entre otras razones no había en ellas partidos cuyo ámbito de actuación fuera esa propia comunidad.
Los catalanes, lógicamente, hicieron una pregunta. La relacionada con el concierto económico. Y ahí el Lehendakari también estuvo oportuno al recordarles que en la negociación estatutaria vasca, los catalanes se acercaron al PNV para decirles que no pidieran antiguallas refiriéndose al concierto económico. Hoy esa antigualla es lo que con más ahínco reivindica el president Aragonés de ERC.
Ardanza evitó en su primera intervención, para no deteriorar esta exposición, hacer referencia a problemas concretos (violencia, terrorismo, crisis económica, desarrollo lingüístico…). Hubiera sido normal para los senadores allí presentes» que el Lehendakari hubiera centrado su intervención en ETA. Desde luego el titular y el despliegue informativo estaba asegurado. Pero, como dijo Ardanza, los senadores ya sabían lo que él pensaba de ETA y él en el Senado, como Cámara de representación territorial, lo que quería era centrar el conflicto en esa permanente voluntad de los vascos en articular la forma de sentirse reconocidos como Nación. «El conflicto sigue ahí y hay que aceptarlo, definirlo y buscarle soluciones», dijo el Lehendakari.
Y habló sobre las fuerzas de seguridad del Estado y sobre el sentimiento que gran parte de los vascos sentían sobre España. Y lo dijo donde tenía que decirlo. Sin ambages. «Si se traía de que yo venga aquí y les cuente a ustedes cuatro cosas que ustedes desean escuchar, lo puedo hacer, pero tanto ustedes como yo habremos perdido el tiempo. Si se trata de que ustedes conozcan de viva voz mi enfoque real sobre lo que pienso de Euzkadi, para que ustedes tengan otra óptica para analizar las cosas, no me queda más remedio que hablarles claro y sin subterfugios. Esto beneficia tanto a ustedes como a los vascos», comentó el Lehendakari ante un comentario realizado por un senador.
Para terminar, Ardanza quiso enviar un mensaje de espe¬ranza reconfirmando su impresión de que el marco del Estatuto de Gernika, seguía siendo válido y había obligatoriamente que completarlo. Y en este contexto manifestó la necesidad de llegar a acuerdos de fondo con la mayor validez posible, pero siempre y cuando éstos se basaran en unos principios que considera para los vascos irrenunciables, porque eran consustanciales con el Estatuto, pero sobre todo, con la Nación vasca.
Podía contar decenas de vivencias con el Lehendakari, pero ésta, una de ellas, y en aquel foro y ante aquel grupo de españoles, siempre lo recordamos. ”Cuentas claras, conservan amistades”, nos comentó cuando de allí salimos.

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