Señales que se apagan… una Iglesia en cambio? Por Miguel Abreu

por Miguel Abreu

Parece existir, en algunos casos y modelos de organización, en y de la Iglesia Católica una urgencia por seguir la voz de una sociedad cada vez más desprendida de los valores fundamentales, y desarraigada en lo que concierne a la fe y a la vivencia de esta. Existen diversos casos, que son ejemplo de un movimiento de laicización que tiende a convertirse en norma, sobre todo en Europa.

En este breve artículo, abordo uno de los varios ejemplos. Seminarios y monasterios, que son propiedad de las organizaciones religiosas, transformados en espacios de alojamiento turístico, sobre todo los que adoptan categoría de hotel. Independientemente de quién haga la gestión, porque compete a la organización religiosa dictar las normas básicas de regulación del uso de los espacios. Si hay algo positivo en estas medidas, como por ejemplo tener una fuente de ingresos para ayudar en el mantenimiento de los espacios y hacer permanecer el bien temporal en manos de la organización. Lamentablemente, hay medidas implementadas que pueden arrojar dudas sobre todo este proceso.

Quien busca un espacio de estas características para alojarse, sea cristiano o no, muy probablemente busca una experiencia inmersiva, que este tipo de espacios tan especiales pueden proporcionar. Además, estos clientes no se sorprenderían si se encontraran con señales, símbolos e imágenes que son característicos y marca de la religión católica cristiana. Limpiar estos espacios en un intento de secularizarlos es ser igual que tantos otros y, por propia elección, perder una identidad distintiva. Es difícil entender la o las razones que llevan a ocultar y/o retirar del vestíbulo de entrada la imagen del santo patrón, que muchas veces da nombre al espacio. Como también, no es fácil deducir el objetivo o los objetivos que están detrás de la retirada de crucifijos y biblias de las habitaciones, convirtiendo espacios que deberían tener una decoración austera en espacios opulentos. Sería importante tener en cuenta que este modo de devolver la vida a espacios abandonados o en riesgo de abandono y deterioro representa una iniciativa positiva, ya que, además de lo que podría ser más obvio, integra en sí mismo una forma peculiar de evangelización.

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