A Coruña se prepara para el último circo de Miguel Bosé. Por Jesús Suárez

@jsuarez02111977

Resulta que Miguel Bosé, ese símbolo desinflado de la movida ochentera, ha decidido subirse otra vez a los escenarios. En 2025, como si alguien lo estuviera esperando, como si el mundo no hubiera seguido girando mientras él se dedicaba a malgastar su prestigio. Y, por si fuera poco, el espectáculo tiene una parada confirmada en A Coruña. Como si esta ciudad necesitara semejante circo mediático para sentirse viva.

Porque hay que decirlo sin rodeos: Miguel Bosé no vuelve. Miguel Bosé regresa a chupar de la nostalgia como un vampiro con hambre atrasada. No trae música, no trae arte, no trae nada que no esté caducado desde hace décadas. Solo trae un ego desmedido, una pose impostada de genio incomprendido y un puñado de canciones que ya no emocionan ni a las parejas en bodas.

Esto no es una gira, es un funeral mal disimulado. Porque lo que queda de Bosé es poco más que una caricatura. Ese hombre que un día fue una rompedora estrella de la música ahora es un bufón que hace equilibrios entre sus teorías conspiranoicas, su necesidad patológica de llamar la atención y un talento que, si alguna vez existió, hace tiempo que decidió tomarse vacaciones indefinidas.

Y, sin embargo, aquí estamos: con Coruña preparándose para recibirlo, para aplaudirlo, para ponerle una alfombra roja que no merece. ¿Dónde está nuestra dignidad, carallo? Porque una cosa es recordar los éxitos de alguien que dejó huella, y otra muy distinta es darle escenario a quien lleva años arrastrándose por el barro, destruyendo su propio legado con cada frase absurda, cada espectáculo bochornoso, cada momento en que confunde polémica con relevancia.

Miguel Bosé no vuelve por amor al arte. Eso está claro. Vuelve porque ya no le queda nada. Porque necesita llenar butacas, vender entradas, asegurarse de que su cuenta bancaria siga creciendo, aunque sea a costa de un público que aún se deja llevar por la nostalgia. Esa nostalgia que tanto daño nos hace, que nos ciega y nos hace aplaudir a cadáveres artísticos como si fueran todavía estrellas.

¿Y qué le queda al público de A Coruña? Tragarse el cuento, aceptar el circo y fingir que este regreso tiene algún valor. Pero no nos engañemos: Bosé no nos respeta, no respeta su propia historia y, desde luego, no respeta al escenario que pisa. Esto no es arte; es marketing barato envuelto en humo y espejos.

Así que, adelante, Miguel. Ven a Coruña. Llena el Coliseum de promesas vacías y fans que aún no han despertado. Monta tu espectáculo de luces para disfrazar el vacío. Pero no te equivoques: aquí no todos te aplaudiremos. Algunos todavía tenemos memoria, y no se nos olvida que lo único que queda de ti es el eco lejano de lo que un día fuiste. Lo demás, Miguel, es puro ruido. Y el ruido, tarde o temprano, también se apaga.

Comparte éste artículo
No hay comentarios