Toda Hispanoamérica vive un auge sin precedentes del crimen organizado. España enfrenta grandes desafíos significativos relacionados con el narcotráfico y la trata de personas. Solamente en el 2023, las autoridades identificaron al menos 1.466 víctimas de delitos de trata y explotación de seres humanos, de las cuales 18 eran menores de edad. La gran mayoría de las víctimas eran mujeres de países latinoamericanos que habían sido llevadas bajo engaño o extorsión a Europa.
Hace apenas unos días, las autoridades de España desmantelaron una organización criminal china, conocida como ‘Tian Xia She’, dedicada a la trata de mujeres para prostitución en España, Grecia y Estados Unidos. Lo preocupante es que aún las élites de España no comprenden a ciencia cierta que apenas están descubriendo la punta del iceberg de un fenómeno más grande, que por supuesto vuelve a poner en el centro la ecuación autoritaria que está poniendo en jaque las democracias liberales de Occidente: autoritarismo, más crimen organizado con migración acentuada.
La Venezuela dirigida por Nicolás Maduro es hoy el principal epicentro del crimen trasnacional de Hispanoamérica. Mucho se ha hablado del Tren de Aragua en los últimos tiempos. Su expansión ha sido tan voraz en la región que prácticamente cualquier delito o suceso violento parece llevar el sello de este grupo.
El régimen de Maduro, como es habitual, ha intentado escurrir su responsabilidad, acusándome a mí y a otros dirigentes de encabezar una red de trata de personas en conjunto con el Tren de Aragua. Una acusación absurda y tomada por los pelos que, obviamente, nadie cree. Sin embargo, el verdadero objetivo del régimen es desviar la atención de lo importante: su relación directa con estas organizaciones del crimen transnacional.
¿Cómo surgió el Tren de Aragua?
Su nacimiento y expansión están directamente vinculados a la estructura de poder y a la gobernanza criminal en Venezuela. Esta banda se originó en la célebre cárcel de Tocorón, que durante años funcionó como el centro de operaciones de esta organización.
La periodista venezolana Ronna Rísquez estima que el Tren de Aragua podría contar con más de 3.000 miembros y operar en una cartera de más de 20 delitos. Entre sus actividades destacan la extorsión, el secuestro, la trata de personas, el narcotráfico, el tráfico de oro, las redes de prostitución, el control de pasos fronterizos, los homicidios, la venta de armas y el lavado de dinero, entre otros crímenes.
El crecimiento del Tren de Aragua ha sido exorbitante, superando incluso a los grupos delictivos más peligrosos del mundo. Según diversas investigaciones, la mega banda venezolana tendría presencia en países como Colombia, Brasil, Chile, Argentina, Ecuador, Perú, Costa Rica, Panamá, México, Estados Unidos y hasta España, donde el año pasado capturaron a un familiar del líder de la agrupación criminal.
La migración masiva, producto del régimen de Maduro, fue el combustible que potenció aún más al Tren de Aragua. La oleada migratoria generó innumerables oportunidades criminales: desde el cobro por cruzar pasos peligrosos como el del Darién o la frontera con México, hasta redes de prostitución como la desmantelada en Perú, integrada por mujeres migrantes.
Las recientes revelaciones del caso del teniente Ronald Ojeda en Chile, donde un testigo señala directamente la participación de Diosdado Cabello en este crimen, demuestran que el Tren de Aragua es una extensión del régimen. Es parte del engranaje del crimen organizado que hoy sostiene a Maduro en el poder.
La ecuación que amenaza las libertades en Iberoamérica tiene tres componentes principales: autoritarismo, crimen organizado y migración. Estos tres factores, en mayor o menor medida, afectan a cada país del hemisferio, con su principal centro de operaciones en la Venezuela gobernada por Maduro y su cúpula.