La selección gallega sub’14 femenina acaba de clasificarse en Zaragoza para las semifinales de verdad del Campeonato de España sub’14 femenino. Las niñas se acababan de juntar por primera vez para una competición oficial en el mes de diciembre y su comienzo es digno de reseña periodística. En su propia casa desconocen los datos y no pueden reflejar el éxito de un grupo de guerreiriñas galaicas. Una pena que pone a las claras la nula sensibilidad humanística que existe en la que que debiera ser casa magna del fútbol gallego, la Real Federación Gallega de Fútbol. Pablo Prieto, no culpable por ser recién llegado, debería significarse distanciándose de Louzán y el resto de la tropa anterior haciendo algo para recuperar la historia.
En diciembre, dos de dos sin que le encajen goles
Nunca hasta esta temporada se había juntado una selección gallega sub’14 femenina. El atraso histórico del fútbol femenino con respecto al masculino (incluidos los 50 años de prohibición) tiene reflejo en que mientras las chicas no habían jugado el primer partido, la equivalente masculina acumulaba 85, incluidos los dos del pasado noviembre.
Con absoluta discreción, dirigidas entonces por María José Fontán, la eterna jugadora del San Roque Casablanca a quien no nos dejó entrevistar José Luis Chantrero en una increíble decisión tomada como responsable de comunicación de la RFGF, y no por un grupo directivo en reconstrucción tras el ascenso de Louzán a Madrid, la selección comenzó a fajarse un mal día para un anglosajón supersticioso.
El viernes 13, la irmandiña dio buena cuenta de Baleares, a quien derrotó por 3-0. Un día después, en el mismo recinto vigués de Coia, las jóvenes “guerreiriñas galaicas” repitieron resultado frente a Castilla-La Mancha, garantizando con total brillantez el pase a la Fase Oro, la de la lucha verdadera por el título en el Campeonato de España de Selecciones Autonómicas.
Pese a ser un torneo desigual en su primera fase, en el que las comparativas numéricas no se ajustan a la realidad, pues una selección normal puede hacer grandes cifras si se enfrenta a dos malas, y una gran selección puede firmar números más ajustados si lo hace contra otras dos de nivel medio, sí da para valorar en su contexto la actuación individual. Así las cosas, los números de la irmandiña sub’14 la acabaron colocando como la segunda mejor de la competición con dos triunfos en dos partidos, seis goles a favor y cero en contra. Solo Cataluña, oponente en la segunda fase, los tendría mejor, tras ganar a Canarias por 6-0 y a Castilla y León por 2-1.
Invencibles y récord en la fase de grupos de cuartos de final
La pasada semana, la sub’14 marchó a Zaragoza para ver el nivel real de sus posibilidades enfrentándose a selecciones con mucha solera en la historia del fútbol base territorial. A las órdenes de Pablo Vigo, las “guerreiriñas galaicas” tenían un duro rival para comenzar. Pasaron el test con éxito gracias al gol marcado por Casilda en el minuto 37.
Más allá de los puntos y aumentar el sueño de dar el paso a semifinales, la irmandiña sub’14 femenina plasmaba el mejor arranque histórico de cualquier selección gallega femenina de fútbol 11 e igualaba a la absoluta y a la sub’15, ambas masculinas, que en sus arranques en 1922/23 y 1989/90, respectivamente. Las tres fueron las únicas con tres partidos ganados, ninguno empatado y tampoco perdido.
Si solo nos refiriésemos a partidos oficiales, aún tendríamos que excluir del dato a la absoluta masculina, pues uno de esos tres fuera un amistoso contra la selección de Lisboa y en el cuarto de la historia, tercero oficial, cayó en Coya en la final del Campeonato Interregional frente a la potente Asturias.
A mayores, las jóvenes guerreiras, superaban una marca de corte defensivo al ser la única selección gallega de fútbol, con independencia del género, capaz de concluir los tres primeros partidos sin que le anotasen un tanto en contra.
Un día después, el primero de marzo, tenían otro hueso. Cataluña, con los mejores números de la primera fase, siempre favorita para el título en cualquier categoría y bestia negra del fútbol gallego, podría ser el punto final a todas las buenas estadísticas.
Cataluña, la invencible, no pasa del 0-0
Los precedentes Galicia-Cataluña son demoledores contra las nuestras y los nuestros. En el balance histórico no existen números positivos para las galaicas. Más allá del éxito en algún partido, ninguna selección femenina gallega supera a las cuatribarrats en el balance general y, por lo que respeta a las masculinas, solo la vieja juvenil masculina, cuando era sub’19, mantiene un empate debido al 1-1 del 4 de marzo de 1972. Aquel día, en La Condomina, los nuestros pasaron a semifinales por penaltis.
Aunque la dispersión de categorías y temporadas tampoco tienen porqué justificar una comparativa, la inercia histórica asustaba. Cuando concluyó el partido, Galicia sub’14 quebró la racha de triunfos, pero se mantuvo invicta e imbatida gracias al 0-0 contra la favorita. El dato la convertía en la única irmandiña que jugaba sus cuatro primeros partidos sin tener que recoger la pelota dentro de su portería e igualaba a la sub’15 masculina con las mismas tres victorias y un empate.
Quinta en plantarse en unas semifinales nada más nacer
Quedaba un último escollo, la vecina Asturias. En el otro partido de la jornada, Andalucía, con escasas posibilidades, ganaba a Cataluña. Un dato que aumentaba el valor del 1-0 frente a las del sur en la primera jornada. Contra las astures, el pragmatismo de las “guerreiriñas” se volvía a patentizar con el ajustado y favorable 1-0.
Galicia se planta en semifinales con unos datos que asustan, sobre todo en lo defensivo. Cuatro victorias, un empate y cero derrotas. En el apartado de goles, ocho a favor y cero en contra. Son la única irmandiña a la que no le han encajado dianas tras los cinco primeros partidos.
En la comparativa histórica, siguen la estela del arranque de la sub’15 masculina, igualando el número de triunfos e igualadas, porque caídas tampoco han tenido, y se convierten en la quinta selección en la historia del fútbol gallego, primera femenina, que alcanza unas semifinales de un Campeonato de España en su primera temporada. Antes lo hicieran las aludidas absoluta y sub’15 masculinas, además de la sub’18 (1982/83) y la sub’14 (1981/82), también de chicos. Estos últimos fueron los únicos que no llegaron a las finales.
Sin archivo no hay historia: Louzán y su bajo nivel humanístico
La marcha de Louzán a Madrid llenó de euforia a sus acólitos, publicando a los cuatro vientos que sus diez años habían sido los mejores de la historia del fútbol gallego. Yo me pregunto: ¿En base a qué y a quién lo comparan? ¿Saben algo de los 27 anteriores a él más allá de los más próximos, Liñares y Meana? ¿Saben los aportes al fútbol gallego de personas notables en otros órdenes de la vida como Federico Fernández Sar, que lo fue por dos veces, o el productor cinematográfico Cesáreo González? Incluso con sus sombras, ¿en qué se basan para considerarlo mejor que el aludido Manuel de Castro, Hándicap? Por supuesto no ha sido el peor. Difícil superar en casi todo al doctor vigués Francisco Bustelo, que acabó como acabó, y ya no me refiero al fútbol.
No conozco a nadie que haya publicado una historia completa sobre el fútbol gallego y mucho menos sobre la historia de la Federación Gallega de Fútbol. El fútbol, un deporte que vive sobre el presente y sobre las emociones del momento, ha cometido tantas barbaridades que parece no interesarle hacer un repaso histórico, a diferencia de lo que ocurre en las federaciones británicas, italiana o alemana, por citar a próximos.
Desde el corrupto Hándicap, que siendo el primer presidente de los árbitros tuvo que afrontar una Asamblea Extraordinaria por descubrirse en prensa que alentó y movió a sus peones federativos para que se cambiase el formato de un Campeonato Gallego que amañase una final entre el Celta y el Deportivo, hasta Louzán, a quien por una cacicada se le subió a las barbas el colectivo arbitral, hasta el punto de convertirse en el segundo presidente de la historia al que un delegado arbitral le obligó a cambiar al presidente del colectivo bajo una amenaza de huelga, la historia está llena de chapuzas, por decirlo de una manera generosa.
Louzán no solo no ha sido el mejor presidente, sino que ha sido uno de los que ha mostrado un bajo nivel humanístico en el tratamiento de la historia de la casa y sus competiciones. El actual presidente de la RFEF quedó a años luz, por ejemplo, del casi eterno secretario, Ramón de Llano, incluso de delegados como el compostelano Quico Fernández Otero, a quien relegó en el cargo para colocar al improductivo, al menos administrativamente, Manuel Castiñeiras.
La deslocalización de documentos llevada a cabo por Louzán es tan lamentable que quien quiera investigar la historia de las competiciones en Santiago, Ferrol, A Coruña, Ourense, Lugo o Pontevedra, deberá irse a un hotel a Vigo y, con toda la paciencia, ordenar los paquetes envueltos en papel, numerados con un código, que la RFGF le suministre los mismos, y armarse de paciencia en un almacén del campo federativo de Coia. La decisión de Louzán mostró una nula empatía hacia la conservación de la historia local en el lugar de origen y hacia los investigadores.
No hay archivos: la ignorancia del represor Chantrero no da el valor a la sub’14
Obviamente, esta falta de reconocimiento público a la sub’14 femenina a la hora de romper barreras deportivas, clarísimamente en su género, y mejorando por matices lo habido en una de las selecciones masculinas, no es una falta achacable a Pablo Prieto, que acaba de llegar. En cualquier caso, su falta de culpa no redime a su casa, la RFGF.
El dedo de Chantrero, como responsable de comunicación, es el principal culpable. El arosano no ha propagado lo infrecuente y complicado que representa el mérito de estas chicas sub’14, aún sin haber ganado un título. El tipo que veta al periodismo, el tipo al que no le interesa la promoción pública, no ya de sus trabajadores cuando son noticia, sino de los colaboradores de la casa, como el caso de María José Fontán, también reprime la difusión de un éxito sin precedentes de niñas sub’14, aunque esta vez sea por su rotunda ignorancia sobre la historia del fútbol de la casa en la que gana el salario.
Sin archivo no hay historia y, por si fuera poco, la del fútbol femenino, menos. Es repugnante que desde 1981, cuando se legalizó, el fútbol femenino en España dé más a sus dirigentes, que sus dirigentes al futfem; en Galicia vemos que ocurre lo mismo.