@jsuarez02111977
Ayer conocí a Iván y a Raquel. Pero en realidad, conocí a Hugo. Y con él, conocí una lección. De las que no se olvidan.
Porque una cosa es hablar del autismo desde lejos. Desde una charla, desde una noticia, desde el “yo tengo un primo que…”. Y otra cosa es mirarle a los ojos a una familia que un día tuvo que escuchar esa palabra —autismo— como si fuera una bomba que estalla dentro de casa. Que ya nada vuelve a sonar igual. Ni el silencio.
Pero hay gente —y aquí viene lo que me desarma— que decide no encerrarse en su dolor, sino construir algo con él. Algo que sirva. Que abrace. Que salve.
Así nace incluTEA familias. Una asociación que no va de caridad ni de palmaditas. Va de acompañar cuando todo se tambalea. De sentarse al lado de quien no sabe por dónde tirar. De decir “aquí estamos” cuando el resto del mundo se ha quedado mudo o, peor, indiferente.
Es fácil aplaudir desde la grada. Lo difícil es bajar al barro cuando es tu hijo, tu casa, tu mundo el que se pone patas arriba. Y aun así, Iván, Raquel y otras familias decidieron no solo luchar su batalla, sino tender la mano a otras. Montar un sitio para informarse, para llorar sin miedo, para reír sin culpa. Para entender. Para seguir.
Eso no lo hace cualquiera. Lo hace quien tiene coraje. Y generosidad. Y mucho amor.
Por eso escribo esto. Para que se sepa. Para que se escuche. Para que cuando alguien diga “autismo”, no piense solo en dificultades, sino en fuerza. En comunidad. En resistencia. En gente que, aun sin deber nada, lo da todo.
Gracias por la lección, Hugo. Aunque no lo sepas, ayer me enseñaste mucho más que nadie.