Punto 3: Aquí se jodía la noche, no se hacía networking Tú no estabas allí, así que mejor cierra el pico. Tú no sabes lo que era entrar en Punto 3 con el alma rota y salir con el hígado en huelga. No sabes lo que era sudar en un sótano de Pío XII con la camiseta pegada a la espalda, rodeado de peña que no salía a ligar ni a hacer networking, salía a joderse la vida con elegancia . Salía a romperse, a perderse, a desaparecer durante unas horas de este mundo de mierda.
Hoy, si estuviera viva, esa cueva gloriosa cumpliría 72 años. Pero no, murió en 2015, y no fue una muerte digna. La dejamos caer entre aplausos digitales y lágrimas de postureo. La enterramos con un me gusta. Le pusimos la lápida con filtros de Instagram. “Qué pena, se va una época”, escribía la peña con la copa de Malibú en la mano y la playlist de reguetón fino de fondo.
Pena no. Vergüenza. Punto 3 fue desde 1951 un tugurio con historia. Primero fue sala de fiestas, luego catacumba musical, y después trinchera. Allí se vivía de noche lo que tú no vives de día ni pagando. Por allí pasaron Platero y Tú , Siniestro Total , Radio Océano , Manolo Kabezabolo , Los Chichos … ¡Hasta Amaral se puso a pinchar discos! ¿Tú sabes lo que es eso, ceporro? Ni puta idea. Porque tú solo conoces garitos donde el DJ parece un Excel con patas.
Allí no había dress code ni lista VIP. Había barra, música y almas rotas bailando como si el fin del mundo fuera esa noche. Había besos con sabor a tabaco negro, peleas con olor a ginebra barata, abrazos que duraban lo que un riff. Había vida. Cruda. Sin filtros. Sin reposts.
Y sí, a veces la liaban. Se equivocaban. Pero cuando cerraron, pidieron perdón. No como ahora, que los locales cierran sin decir ni adiós y abren a los dos meses con un nombre en inglés, cerveza sin gluten y sofás de palets. Asco. Punto 3 era el último refugio de los que no encajaban. De los que no soportaban la noche plastificada de ahora. Era ese sitio al que ibas cuando ya todo lo demás se había ido a la mierda. Y salías peor, pero feliz. Porque no buscabas redención. Buscabas guerra. Y ahí te la daban.
Ahora A Coruña es una ciudad donde la noche cierra a las tres, con bares que parecen clínicas dentales, donde la música es de ascensor y la gente baila mirando el móvil, no al que tiene al lado. Una ciudad anestesiada, cobarde, con miedo a sudar, a sentir, a mancharse.
Tú no estuviste en Punto 3 . Y se nota. Porque si lo hubieras vivido, no podrías entrar hoy en un bar sin escupir.
Así que cuando pases por la plaza de San Agustín y veas ese local con la persiana bajada y el alma encerrada dentro, no digas “qué pena”. Di “gracias, cabrón”. Porque ahí se jodía la noche de verdad.
Y tú, ni la oliste.
Foto. Jose Dj 2025 All Night Long