La ilusión del playoff sigue viva entre los deportivistas, pero la calculadora no es la única que dicta el futuro del RC Deportivo. Los goles, uno más que el rival, la garra y la estrategia de Gilsanz sobre el terreno de juego son las claves para conseguir el preciado premio. El próximo encuentro ante el Tenerife se presenta como una auténtica trampa. El conjunto canario aterrizará en A Coruña con la urgencia de sumar tres puntos vitales en su lucha por la permanencia. Y equipos con esa necesidad, aferrados a la esperanza, suelen mostrar una mentalidad férrea y una disciplina táctica encomiable.
Es de esperar que el entrenador deportivista y su cuerpo técnico hayan analizado a fondo al rival. En este punto de la temporada, no caben lamentos por las ausencias. El talento en la plantilla blanquiazul es abundante, y es precisamente en estos partidos cruciales donde Gilsanz debe demostrar su valía y su visión futbolística. La capacidad de adaptarse, de plantear un esquema efectivo con las piezas disponibles y de motivar al equipo será fundamental.
Una victoria contra el Tenerife supondría un impulso anímico y matemático significativo para el Deportivo, especialmente tras el empate cosechado la pasada jornada lejos del Puente Pasaje. Ese punto sumado fuera de casa mantiene intactas las opciones, pero ahora, en el fortín de Riazor, no se puede fallar.
El partido ante el Tenerife no será un paseo. Exigirá concentración máxima, intensidad en cada disputa y, sobre todo, acierto de cara a portería. Los goles serán el lenguaje definitivo que descifre esta ecuación. La afición, una vez más, jugará un papel crucial, empujando al equipo hacia la victoria y alimentando esa esperanza de alcanzar el playoff.
Las matemáticas nos dicen que aún es posible. Pero será la actitud, el fútbol y los goles del Deportivo los que conviertan esa posibilidad en realidad. La batalla por el playoff se libra en cada balón, en cada jugada. El primer asalto en Riazor ante el Tenerife es una prueba de fuego que, el Deportivo, debe superar con inteligencia y determinación, con la ayuda inestimable de una afición entregada al escudo y colores de un sentimiento inquebrantable.