Lugo ha sido, un fin de semana más, el epicentro de la política, aunque esta vez con un toque de sainete y abrazos fraternales entre los «vencedores, que si fueran patatas, llenarían media Terra Chá. El 5º Congreso del PSOE lucense se celebró bajo el lema «Unidos para Avanzar», aunque a veces uno tenía la impresión de que la unidad se medía más por el número de cafés con leche que por las ideas revolucionarias.
Al final del domingo, donde se dilucidaban los resultados de las primarias con polémica, con urnas por agrupación para controlar al votante en el más puro estilo democrático de Venezuela y Cuba y tras un recuento de votos que, para algunos, fue más lento que esperar la señal 5G en la Fonsagrada, se anunció el resultado. Aplausos, abrazos, alguna lágrima de emoción. Para el Califa elegido fueron momentos de alivio y la foto de familia de rigor, donde todos posaban sonrientes, como si acabaran de ganar la lotería de Navidad… o al menos el próximo escaño.
Los pasillos del hotel, antes de convertirse en el habitual photocall de líderes nacionales, de Galicia, amigos de derechas, cantando la Internacional, asociaciones subvencionadas con dinero público, o come gambas, eran un hervidero de susurros. Los delegados, con sus mejores galas de domingo, como si se vistieran para ir a la fiesta del pueblo o a Misa y el sonriente Califa ofreciendo la esperanza de un futuro socialista más brillante, desfilaban como si estuvieran en la antesala de una verbena de San Froilán, esperando que comenzase a tocar la charanga. ¡Ay, el Alcalde de Lugo! A su llegada al Congreso, algunos exclamaban «Ali ben Fernandez» supongo que el juego de palabras con su nombre sería por aquello de arrimarse al Califa, premiado con la presidencia de honor.
La jornada comenzó, como es tradición en estos cónclaves, con la lectura de un informe de gestión que, según algunos murmullos, siempre bienintencionados, era tan denso como un pulpo a feira preparado por un cocinero con prisa. Hubo aplausos, eso sí, muchos aplausos, que son como la sal y la pimienta de cualquier congreso, imprescindibles para que todo tenga sabor.
Luego llegó el turno de las intervenciones. Desde la solemnidad del líder nacional, regional y provincial, que parecía invocar a los mismísimos fundadores del socialismo lucense, hasta la vehemencia de algún delegado con ganas de cambiar el mundo, o al menos el carril bici de su barrio. Se habló de infraestructuras, de despoblación, de la necesidad de «escuchar a la militancia», frase comodín donde las haya y, por supuesto, de la «ola de cambio» que viene… o que se espera, según el parte meteorológico electoral. Los socialistas de toda la vida, vaticinan un tsunami, o lo que puede ser peor, otro garañón político en el PSOE provincial.
La parte más esperada, como en toda buena película de suspense, era la elección de la nueva dirección. Las quinielas estaban más reñidas que una carrera de vacas en el San Bartolomeu. Tomé Roca elevó a la peana socialista, a la alcaldesa de Antas de Ulla, como también al concejal Carlos, de Foz, que apenas va a los plenos de su pueblo, cosas de la política. Algunos socialistas, o lo que sean, bienintencionados, se esforzaban por convencer a las huestes de Castro, ofreciendo el «aire fresco» de Tomé», a lo que los «castristas» respondían que, es más bien un ventarrón que despeina, que el aire fresco que acaricia al despertar la mañana de un domingo de mayo. Sonaron los aplausos a derrota, el 83% de los 153 asistentes dieron el sí del bodorrio, se contaba con 198 inscritos, 45 se dieron de baja, en total 126 aplaudidores para tan alto cargo.
Concluyó el 5º Congreso del PSOE de Lugo, y con él, la esperada reafirmación de la unidad del ‘clan’ de Tomé. Los socialistas lucenses han probado, una vez más, que en esto de la política y en el día a día, un buen café y una charla con fundamento tienen poderes casi curativos. Pero ojo, quizás Tomé debería salir de la ‘cueva’ y empezar a contar con esa ‘alternativa’ que, aunque hoy menos visible, no fue precisamente ‘derrotada’. A dos años vista de unas elecciones que se antojan decisivas, la falta de un consenso genuino podría poner en peligro la joya de la corona de los socialistas: la Diputación. ¡Que la fuerza socialista les dé sabiduría… y que no les falte el pulpo y el vino en el camino!