Presidente Escotet: Lendoiro, es el hombre que escribió la historia

Hay momentos que no se olvidan. Fechas que se clavan en la piel de una ciudad. Y nombres que se quedan para siempre, aunque pasen los años, aunque lo intenten borrar, aunque vengan otros con discursos vacíos y trajes elegantes de alta costura.
El próximo 19 de mayo se cumplen 25 años de uno de esos momentos. Veinticinco años desde que el Real Club Deportivo de La Coruña se convirtió en campeón de Liga. Uno de los nueve. Uno entre cientos. El club de una ciudad de 250.000 habitantes que le pintó la cara al fútbol español. Y eso no pasó por casualidad. Eso lo hizo posible un hombre: Augusto César Lendoiro.

La historia no se puede borrar. Ni con silencios, ni con olvido, ni con revisionismo barato. La historia está escrita con letras de oro. Y ahí, en el corazón mismo de la leyenda, está su nombre. Porque sin Lendoiro, el Deportivo seguiría siendo un equipo simpático, de tardes grises y sueños a medio hacer. Pero él llegó, soñó y decidió que soñar no era suficiente. Había que hacerlo real. Gracias a él, el Deportivo ganó Copas del Rey. Gracias a él, levantamos Supercopas. Gracias a él, tocamos el cielo el 19 de mayo del año 2000 y nos proclamamos campeones de Liga.
Pero lo más grande no fue eso. Lo más grande fue que nos hizo sentir orgullosos. Nos hizo respetados. Nos hizo envidiados. Nos hizo grandes.

Augusto Joaquín César Lendoiro no fue un presidente. Fue el presidente. El que construyó la historia. El que la escribió de principio a fin. El que convirtió al Deportivo en algo que trasciende el fútbol, algo que se mete en la sangre de una ciudad entera.

Y por eso, su nombre estará siempre en los bares, en las cafeterías, en los teatros, en los cines, en las conversaciones de abuelos y nietos, en las camisetas viejas que guardamos con orgullo. Porque hay gestas que no necesitan defensa: se defienden solas. Y hay hombres que ya no pertenecen solo a sí mismos, sino a todos. Lendoiro es parte de A Coruña. Lendoiro es parte de los coruñeses. Lendoiro es el Deportivo.

Por eso, este 19 de mayo no es solo un aniversario. Es un recordatorio. De que los milagros existen cuando hay alguien dispuesto a construirlos. Y de que la historia —la verdadera— no la escriben los que pasan, sino los que se quedan.

Gracias, Augusto. Por siempre.

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