Abogado
Murió un amigo. Murió un compañero León (último presidente del Club de Leones Marineda): José Ramón Mella Pampín, quien hizo suyo, interiorizándolo, el lema del leonismo internacional: «we serve» («nosotros servimos»). Ese espíritu impregnó su vida y su manera de ser.
El martes, ingresado en el CHUAC, todavía respondía a los mensajes de ánimo y a los abrazos que sus amigos le transmitíamos desde el chat de WhatsApp que teníamos operativo. A lo largo del viernes nos iban informando de que era cuestión de horas… Un día para olvidar. De un viernes negro a un domingo de luto.
Hace pocas fechas, en una comida-homenaje que celebramos para confraternizar con otro amigo y compañero León, Roberto Moskowich-Spiegel, me salté el protocolo en mi intervención y, en lugar de ensalzar al homenajeado, aproveché el recíproco afecto que Roberto y José Ramón se profesaban, para recordarlo a él, al amigo ausente en el “Pazo do Río” por las dolencias que le afectaban, pero presente en nuestra memoria, en la memoria de todos los allí congregados. Y en esa memoria perdura y perdurará.
De él únicamente puedo recordar buenas acciones (nunca presencié una mala) y su destacable calidad humana: generoso (muy generoso), de enorme corazón, siempre afable, educado, risueño… Buenos pasos, excelentes huellas: la Cocina Económica de A Coruña, la Asociación Renacer, la Asociación Antonio Noche, Lions Club International, la Coral Polifónica El Eco (que también presidió), el Sporting Club Casino de A Coruña, el R.C. Deportivo, el Chaston, C.F., el H.C. Liceo…, saben de su bonhomía de hombre de bien.
A veces se producen en nuestra cabeza asociaciones espontáneas y curiosas de personas y melodías. Tengo asociada a su persona, por una circunstancia anecdótica, la canción de Pastora Soler “La mala costumbre”. Un día estábamos conversando en una cafetería y sonó ese tema, proveniente de la radio, en el hilo musical de ambiente. Se fijó en ella (le gustaba -me dijo-) y aprovechó la letra para reflexionar sobre su acertado significado. Se me mostró entonces como lo que era: una persona que prefería ir por la vida con el corazón en la mano, valorando más las ventajas que los sinsabores que ello puede comportar. En el juicio de Osiris, su gran corazón pesará menos que la pluma.
José Ramón Mella hizo mejores a los que tuvimos la inmensa fortuna de conocerlo y tratarlo, de ser sus amigos. Cuando uno abandona así la vida, dejando buenas huellas, es que su vida mereció la pena. Su esposa y toda su familia pueden sentirse muy orgullosos de él.
En el cielo escucharán a partir de hoy sus amables y generosos rugidos de León de pro.