Este libro es el relato de las vidas en las dos ciudades japonesas, convertidas en símbolos de la paz, justo cuando regresa el miedo global a las armas nucleares.
A través de entrevistas, y de su experiencia en Japón como corresponsal, Agustín Rivera recoge las voces, en primera persona, de las víctimas de una tragedia que marcó su existencia para siempre.
La maestría del autor como reportero en sus reportajes en Hiroshima y Nagasaki, y las fotografías de Toñi Guerrero incluidas en este volumen, sumerge al lector en una experiencia de incalculable valor humano y periodístico.
Una obra para descubrir el ruido eterno de los muertos y la capacidad de superación, sin olvidar que somos memoria.
«Esta crónica ensayística, este ejercicio de ventriloquía (como lo es todo buen periodismo, que se mete en el cuerpo de los personajes), esta novela río sobre las víctimas de Hiroshima y Nagasaki entronca con la gran tradición reportera española, ese género literario que nace en papeles volanderos pero madura en libros magníficos, haciendo algo más que capturar el instante: lo eleva a obra perenne.
Es Agustín Rivera heredero y continuador de los grandes cronistas del periodismo español, como podrá comprobar cualquiera que se asome a las páginas emocionantes de Hiroshima, y comparte con ellos la delicadeza en el mirar, la humildad de quien sabe que nunca comprenderá todo y la maestría de quien sabe borrarse como narrador para que los narrados se narren solos. Esto es lo más difícil: dejar que las voces se expresen y entrelacen, que de las largas entrevistas se destile una historia trenzada y única que nos permita compadecernos del sufrimiento de los hibakusha. Hablo de una compasión etimológica, sufrir con ellos, acompañarlos como si fuesen nuestros amigos».
Sergio del Molino, del prólogo del libro.
Título: HIROSHIMA. TESTIMONIOS DE LOS ÚLTIMOS SUPERVIVIENTES.
Autores: Agustín Rivera
Páginas: 328 págs
ISBN: 9791387534097
P.V.P: 24,90 euros
Fecha de salida: 22 de mayo

Agustín Rivera, Málaga, cosecha del 72, supo a los cinco años que sería periodista cuando escuchó a unos señores por la radio cantar goles. «Papá, yo quiero ser como ellos». «¿Futbolista, hijo?». «No, los que están al lado de los futbolistas». No sabía que ese oficio que no sabía nombrar le llevaría a estar treinta años trabajando en periódicos: Diario 16, El Mundo, donde fue corresponsal en Japón, y El Confidencial. Ha sido enviado especial a quince países de cuatro continentes. Doctor en periodismo, enseña su vocación y alienta las carreras de futuros reporteros en la Universidad de Málaga. Es devoto de Leila Guerriero, Tom Wolfe y Chaves Nogales. Fue galardonado con el Premio Manuel Chaves Nogales por el reportaje «Hiroshima: la superviviente de la bomba atómica y el fantasma de la niña que le pidió agua», publicado en El Confidencial y recogido en este volumen. Por Hiroshima recibió una mención especial del jurado del Premio Rodolfo Walsh.