Querida Inés,
Te escribo con el corazón en la mano y la ciudad en la memoria. No es esta una carta protocolaria, ni un desahogo de sobremesa. Es una súplica serena, una pregunta sin respuesta y, sobre todo, un clamor que muchos compartimos en silencio. Ahora que estamos celebrando el 25 aniversario de la Liga que ganó el Deportivo —sí, la ganamos todos, porque esa alegría fue comunal, oceánica, como las olas que revientan en el Orzán— no puedo dejar de pensar en una ausencia que chirría como óxido en el alma.
¿Cómo es posible que A Coruña, la ciudad que soñó con el balón entre los pies y Europa entre ceja y ceja, no haya encontrado todavía un espacio para homenajear a Augusto César Lendoiro?
Lo digo claro: no lo entiendo.
Te hablo como alcaldesa, como mujer marinera, como coruñesa brava y, sobre todo, como la primera mujer en la historia democrática en gobernar esta ciudad. Y te lo pregunto sin dobleces: ¿qué fuerza, qué veto, qué fantasmas impiden que el Concello reconozca como merece al hombre que cambió el destino de un club, de una ciudad y de varias generaciones?
En esta ciudad tenemos calles y plazas dedicadas a políticos, entrenadores, futbolistas, periodistas, incluso a figuras discutibles. Y, sin embargo, no hay una calle, un jardín, un rincón con el nombre del hombre que hizo que A Coruña saliera en los mapas por méritos propios, sin enchufes, sin favores, solo a base de coraje, inteligencia y una fe que ni los peores descensos consiguieron doblegar.
Dicen que cometió errores. Y qué. También tú, también yo, también cualquiera que haya tenido la osadía de tomar decisiones. Pero el legado de Lendoiro pesa más que sus tropiezos. No solo nos hizo campeones; nos hizo felices. A padres, hijos, abuelos. A toda una ciudad que se miraba al espejo con orgullo y decía: somos el Dépor, somos A Coruña, y estamos aquí para quedarnos.
Entonces, ¿qué ocurre, Inés? ¿A quién hay que convencer? ¿Qué hay que hacer para que este hombre, que va a cumplir 80 años, no se muera sin saber que su ciudad lo recuerda con gratitud y cariño?
Si hay algo que impide este homenaje, dilo. Si hay un camino para lograrlo, trázalo. Pero no permitas que el tiempo lo entierre todo en silencio, que es la forma más cobarde de traición.
Este no es un capricho, ni una revancha. Es una cuestión de justicia. De dignidad. De memoria. De respeto a todos los que vibramos con aquella liga, con aquellas Champions, con aquellos años en los que ser del Dépor era llevar tatuada la felicidad en el pecho.
La ciudad te mira, Inés. La historia también.
No hay excusa que valga ya.
Y nos olvidamos que cuando Dn. Cesar Augusto Lendoiro tomó el Depor estaba a punto de desaparecer por las deudas.
Para mi siémpre serás mi presidente, Escotec, usted es el presidente y dueño del club, como persona inteligente la cual considero es la persona adecuada para que usted una de una vez por todas a está gran afición y este gran club.
Un abrazo desde NY.
Manolo Lago