Ayer publiqué como post una interesante reflexión de Nicolás Sartorius sobre la arremetida de la derecha falangista para llegar al gobierno con el cuchillo entre los dientes y que, por tanto, ya se ve en el gobierno. Horror.
Publico hoy dos comentarios de interés al artículo de Sartorius. El del colaborador Caústico y el del sociólogo Javier Larrea.
Caústico
“Muy bien expuesto lo que muchos pensamos. Quizás los mayores problemas se puedan resumir en dos.
El primero, la falta de capacidad de movilización y de interés del llamémosle sector progresista de la sociedad, sumado al desinterés político de los jóvenes por mucha sensación de cabreo que transmitan en las RRSS.
El segundo podría ser la debilidad ideológica de la izquierda y la consiguiente tibieza en la defensa de sus logros sociales, económicos o simplemente de gestión más o menos correcta en general y más comparando con la clasista y corrupta gestión de los gobiernos peperos.
Tengo yo la sensación de que la sociedad española se siente mejor, más segura y empoderada con gobernantes de derechas de toda la vida. Los intervalos de progreso alteran su estabilidad patriótica, tan manipulable por los dueños del cotarro. No es país para díscolos”.
Javier Larrea
“Interesante reflexión de Sartorius que comparto en su mayoría pero pasa de soslayo por dos temas que preocupan y excitan a la sociedad, la política de emigración y la inseguridad ciudadana.
Lo que llama «política razonable con la emigración» no es tal, puesto que la mayoría de la sociedad no lo entiende así. Y esta percepción social, que es la que está llevando a los partidos de ultraderecha a ser los más votados en otros países europeos es lo que va a llevar a la izquierda española a perder las elecciones.
Ni el paro, ni la vivienda, ni la inflación ni la corrupción, van a desalojar del gobierno a los partidos de izquierdas.
La mezcla explosiva «emigración y delincuencia» convertida en un problema público explotará y puede llevarse por delante a los gobiernos demócratas de toda Europa, España, e incluso Euskadi y Cataluña que no lo hayan entendido. Ya está pasando.
Un problema social que adquiere una categoría de público, de popular, que está en todas las conversaciones, requiere respuestas, exige políticas públicas para atender la sensibilidad y demanda social. Los partidos políticos que no lo entienden perderán parte de su representación y los que lo han captado (ultraderecha) lo utilizarán para centrarse en ecuaciones básicas:
emigración=delincuencia
rgi=abuso
beneficios sociales para emigrantes=desigualdad
para nativos mena=robos y violaciones
islam=fanatismo y discriminación de las mujeres.
Con ese sustrato que ya está calando en la sociedad y con la ceguera de los partidos tradicionales de izquierda y socialdemócratas, se producirá un divorcio político-cultural con sus votantes que interpretan que defienden más a los de fuera que a los de casa lo que en cualquier sociedad es una traición. Y si la izquierda pierde la derecha gana.
La desgracia (quizás tragedia) es que detrás de todas estas proclamas de la ultraderecha va toda la batería de políticas de progreso que Sartorius enumera y que podemos perder si el camino de los partidos neoliberales es terminar con la democracia y acabar imponiendo modelos autoritarios de partido único con restricciones de derechos y libertades y en definitiva con la pérdida final de la democracia.
Y todo ello por haberse obstinado los partidos de izquierdas en defender unos principios de igualdad universal que han colisionado con los derechos atávicos de los ciudadanos de una comunidad a defender legítimamente a los suyos a su cultura y a sus costumbres por encima de los advenedizos, o intrusos o incluso invasores.
¿No existe acaso un derecho a defender lo nuestro?”