En un giro inesperado de los acontecimientos sobre el «robo» del tractor que habíamos publicado en 21noticias. Puestos al habla con el dueño, nos comentó que «el abogado de la persona que se había apropiado de nuestro tractor se comunicó con nuestra defensa para proponer un trato. La oferta era, cuanto menos, curiosa: ellos «olvidarían» la deuda de las letras impagadas, y a cambio, nosotros nos encargaríamos de las reparaciones que ya habíamos asumido. La condición principal era que retiráramos la denuncia penal que pesaba sobre su cliente, y como «muestra de buena fe», nos devolvería el tractor en el mismo lugar y estado en que lo había tomado».
Continúo comentando «Después de considerarlo detenidamente, y con la cabeza echando humo, decidimos aceptar. La razón era simple: si no lo hacíamos, el tractor seguiría inmovilizado y precintado, esperando un juicio que podría tardar meses. Mientras tanto, nuestra operación para sacar la madera estaba paralizada, y las máquinas paradas, como bien sabemos, generan más gastos que trabajando. Era una decisión pragmática, aunque nos dejara un sabor amargo».


La amarga verdad: El tractor regresa con sorpresas
La alegría de recuperar nuestra maquinaria duró menos de lo que tarda en apagarse una cerilla. Apenas llegamos al lugar y comenzamos a inspeccionar el tractor, nos dimos cuenta de que la «devolución» venía con una serie de sorpresas desagradables. El pasador que sujeta la grúa, una pieza crítica para la seguridad, estaba peligrosamente suelto; un descuido que fácilmente podría haber provocado la caída de la grúa. El remolque, por su parte, tenía problemas con la compuerta basculante: no funcionaba por falta de presión hidráulica, lo que sugería que alguien había manipulado los latiguillos de la botella, dejándole entrar aire al sistema.
Por si fuera poco, la puerta que ya estaba dañada había sido «reparada» de una forma bastante chapucera, con la manilla pegada con un poco de adhesivo. Y el bombín de la cerradura seguía brillando por su ausencia, exactamente en el mismo estado en que se lo llevaron.
En resumen, el «acuerdo» nos dejó con un tractor funcional, sí, pero con una serie de averías y «arreglos» improvisados que ahora tendremos que subsanar. Una lección costosa que demuestra que, a veces, un «trato» puede salir incluso más caro que el propio robo.