@jsuarez02111977
Te miro ahí arriba, Rafa, en esa pancarta descomunal que cuelga como bandera en la plaza de Lugo, y algo se me encoge por dentro. No por sorpresa —porque los que te conocemos sabíamos que algún día esto iba a pasar—, sino por la emoción de ver que, por fin, A Coruña te mira como lo hemos hecho siempre los que hemos cruzado la puerta de El Chaflán: con respeto, con cariño y con una sonrisa inevitable.
Ahí estás tú, con esa cara de buena gente que no se finge, con esa sonrisa que se clava como una luz en los días nublados. Tabernero de alma, Rafa. De los de verdad. De los que sirven más que copas. De los que reparten afecto, consuelo, risas, abrazos y un poco de calma cuando el mundo aprieta.
Te lo digo así, con el nudo en la garganta: este homenaje es justo. Es necesario. Y es también nuestro. Porque no solo te lo has ganado tú, nos lo has ganado a todos. Porque cuando Estrella Galicia y el Deportivo decidieron unir fuerzas para celebrar lo que nos define, eligieron contar tu historia, y en ella estamos todos. Y eso, Rafa, emociona. Nos deja sin aliento.
Estás ahí arriba y pareces uno más, pero no lo eres. Eres el tabernero de A Coruña. El que ha aguantado mil inviernos con la puerta abierta. El que ha vivido cada ascenso como si fuera una boda y cada descenso como si se muriera alguien de la familia. El que no faltó jamás. Ni cuando el Dépor cayó al barro. Ni cuando las luces del estadio se apagaban antes en el alma que en el marcador. Tú seguiste encendiendo la tele, sirviendo la caña, repartiendo esperanza.
“Esté en Primera, en Segunda, en Tercera… donde esté, lo vamos a apoyar siempre”, dijiste. Y se me puso la piel de gallina. Porque lo dijiste como quien recita un credo, pero también como quien firma un pacto eterno. Sin condiciones. Sin postureo. Como se hacen las cosas en tu barra, Rafa: con autenticidad, con corazón.
Treinta años de bar. De vidas cruzadas. De peñas y de padres que ahora traen a sus hijos. De primeros tragos y de lágrimas compartidas. Treinta años de saber que el fútbol no solo se juega en Riazor, también se juega en los bares, en las esquinas, en esas previas llenas de nervio y en las tertulias de después con la radio bajita.
Y ahí estás tú, al frente. Como siempre. Con Anuska a tu lado, con ese temple tuyo que nunca ha necesitado estridencias para imponerse. Porque tu fuerza está en lo cercano, en lo sencillo, en lo honesto. Y por eso hoy esta ciudad entera —y este corazón mío— se siente parte de esa campaña. Porque cuando te eligieron a ti, nos eligieron a todos los que creemos en ese Dépor de barrio, en esa Coruña de alma.
Gracias, Rafa. Por ser escudo sin ser jugador, por ser bandera sin ondear, por ser historia sin manual. Por recordarnos que un bar, cuando se llena de gente como tú, puede ser casa, puede ser refugio, puede ser un estadio entero con olor a café de máquina.
Hoy, el bar se te quedó pequeño.
Y no sabes cuánto nos alegra verlo.
Con orgullo,
Uno de los tuyos. Siempre.