Fisterra a merced de un solo hombre: un edil con proyectos urbanísticos reescribe el rumbo político del Ayuntamiento

El juego de poder en Fisterra. La moción de censura derribó a la alcaldesa – y solo fue posible porque un concejal antepuso sus intereses personales al bien común

Dos años y tres meses después de su ajustada derrota, pese a haber obtenido cinco de los once concejales, Luis Insua Lago del PP entra ahora en la alcaldía de Fisterra. En aquel momento se formó una coalición de tres fuerzas con los seis ediles restantes: AV (tres), PSOE (dos) y BNG (uno).

Hoy Fisterra vive una jornada histórica: una moción de censura destituye a la alcaldesa Áurea Domínguez Sisto (Alternativa dos Veciños). La llave del cambio no reside tanto en la fuerza del PP, con sus cinco concejales, sino en el voto de un edil ya sin partido: Francisco Martínez Traba. Antiguamente en el PSOE, después en AV, volvió a ver bloqueada la legalización de sus proyectos urbanísticos. Ahora, convertido en árbitro de la situación, aseguró el éxito de una moción que él mismo promovió en gran medida.

Un informe reciente señala que Martínez “salió al paso” tras ser denunciado por el propio Concello por presuntas construcciones en terrenos sin licencia. Todo ello subraya hasta qué punto se mezclan el interés personal y las cuestiones legales, no en beneficio del municipio, sino de su propia proyección.

En 2023, los votantes habían optado mayoritariamente por un gobierno progresista. Menos de dos años después, Fisterra está dirigido por un ejecutivo popular, sostenido por un voto solitario que antepone motivos particulares al interés general. La legalidad formal de la moción no cambia este hecho; al contrario, oculta una dinámica democráticamente dudosa que retuerce de forma sutil la voluntad ciudadana.

Los retos estructurales de Fisterra – bloqueos políticos, problemas presupuestarios, obras retrasadas, pérdida de subvenciones – son reales. Pero muchos derivan de carencias del propio sistema, no solo de la gestión de la alcaldesa cesada. De hecho, en su corto mandato se promovieron más inversiones públicas que en la legislatura anterior, un dato que hoy queda eclipsado en medio del juego político.

Luis Insua Lago, el nuevo alcalde, se presentó en el pleno con un tono diplomático y conciliador. Subrayó la necesidad de estabilidad, diálogo y un rumbo suprapartidario. Una puesta en escena calculada, que le abre margen de maniobra y la oportunidad de demostrar avances reales. No obstante, la base de este cambio sigue siendo frágil: el Concello encara ahora año y medio de transición bajo una legitimidad marcada por la sombra de la oportunidad política.

Un solo hombre – Francisco Martínez – ha reescrito el rumbo político de Fisterra movido por su ego y la convicción de estar por encima del pueblo. Si de ello surge una ocasión real de relanzamiento, dependerá de Insua demostrar que sabe responder a las expectativas y separar la gestión municipal de las vendettas personales.

La ciudadanía tendrá la última palabra en 2027. Hasta entonces, el nuevo alcalde gobernará gracias al voto de un doble tránsfuga. Qué aportará eso al municipio queda en el aire. Por mi parte, deseo al nuevo regidor suerte y buen pulso, y espero que la jugada oportunista de un independiente no termine dañando también a quienes ahora lo respaldan. En la primavera de 2027 lo sabremos.

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