@gonzalogsoto
El debate está en la calle, y la respuesta parece tan obvia como el sol del mediodía. ¿Debe un club con la historia, afición y economía saneada como el RC Deportivo de A Coruña luchar por el ascenso a Primera División desde el primer partido? La respuesta, para cualquier aficionado, es un rotundo sí. Se ha comenzado con buen pie, tres puntos que han elevado el entusiasmo del deportivismo. Un retoque arriba y a por todas, que no lo mismo que ir a por uvas.
La temporada en Segunda División se presenta como un desafío, pero también como una oportunidad. El objetivo no es otro que el ascenso directo. Cualquier otra meta sería conformarse con menos, algo inaceptable para un equipo acostumbrado a competir en la élite del fútbol español y europeo. A pesar del bajonazo de los últimos años por una pésima gestión deportiva y política de fichajes, el Depor es de Primera. Decir que el Deportivo va a luchar para estar entre los seis primeros, demuestra falta de ambición y de seguridad. El Club no está de rebajas ni necesita cuentas de la lechera y menos dodotis.
La ambición como bandera
Desde el primer minuto, el equipo debe salir al campo con la mentalidad de campeón. Cada punto, cada victoria, debe ser un paso firme hacia el objetivo. No hay espacio para la especulación o el conformismo. El Deportivo tiene una plantilla y una afición que merecen el máximo, y la única forma de conseguirlo es peleando por el liderato desde el inicio.
Dejar el ascenso para el final, dependiendo de resultados de otros equipos o de una promoción de play-off, es una estrategia peligrosa. El play-off es una lotería, y el Deportivo ya ha sufrido la crueldad de ese formato en el pasado. La vía más segura es la directa, la que se consigue con una temporada impecable.
La ambición debe ser la bandera del equipo. No hay otra opción. Los jugadores, cuerpo técnico, afición y Abanca (Escotet), deben estar unidos en este objetivo. El Deportivo no puede esperar; debe luchar por el ascenso directo desde el minuto uno hasta el final.