Estanislao Fernández de la Cigoña y Anxo Coia, investigadores: Ignacio Cerviño, escultor gallego referente en el siglo XIX, artista polivalente poseía una maestría excepcional en el tallado y modelado del granito.
Dentro del marco de exposición sobre “Ignacio Cerviño en la Semana Santa de Cangas” que, organizada por la Cofradía de la Misericordia-Gremio de Mareantes de Cangas se celebró en esta pontevedresa villa marinera, el sábado 23 de agosto los investigadores Estanislao Fernández de la Cigoña y Anxo Coia pronunciaron una interesante microconferencia sobre la identidad del Maestro Cerviño. La jornada se complemento con la presencia de la Banda de Tambores y Cornetas de Cangas que se unieron al evento para homenajear la figura de este insigne escultor.
Estos investigadores resaltaron que la identidad del “Maestro Cerviño”, el mejor escultor gallego del siglo XIX, está condicionada de un modo indocumentado a favor del maestro cantero de Aguasantas (Cotobade), José Cerviño García (1843-1922). Se puede decir, por lo tanto, que su identidad fue tergiversada en detrimento del escultor Ignacio Cerviño Quinteiro (Peroselo – Aguasantas – Cotobade, 14.06.1834 – O Porriño, 28.10.1905). Esto, cuando menos, tuvo que ocurrir antes de 1964, ya que en este año el investigador Eugenio Eiroa Hermo, después de muchos años de estudio y dedicación, pudo acreditar que Ignacio Cerviño Quinteiro era la persona a la que popularmente se reconocía como el “Maestro Cerviño”. Su obra más relevante y conocida es el Cruceiro de Hío o del Cristo de la Luz.
Según Eiroa, Ignacio Cerviño era un cantero sin estudios que, gracias al conocimiento que había adquirido de su padre, el maestro de obras Antonio Cerviño Couceiro, tenía unos profundos conocimientos que le permitían dominar el alma de la piedra. Continúa ensalzando la maestría de Cerviño para “destemplar la piedra”. En sus manos el difícil granito se convertía en un material dúctil y consistente. Incluso llega a relatar que, con una brocha, aplicaba cera virgen caliente sobre un bloque de granito. Aunque es una piedra densa y resistente, sus poros pueden absorber líquidos y aceites. Con el uso de esta técnica fue capaz de transformarlo en una materia dúctil y consistente que facilitaría su labra y posterior conservación.
Concibe la escultura como una suma de perfiles de contorno de línea y dibujos que se contraponen y proyectan dentro del bloque de piedra hasta obtener, como resultado final, un volumen. Para alcanzar un resultado satisfactorio, previamente, es imprescindible disponer de bocetos y maquetas previas. Es necesario localizar un bloque de piedra sano y sin defectos que sea el idóneo para materializar un proyecto. Tras dibujar con el lápiz sobre la pieza la figura, el escultor procede a desbastar el amorfo bloque para proceder a su tallado. La labra es un proceso muy lento que refiere de mucha concentración y destreza que únicamente se terminará cuando el escultor realiza los detalles y retoques finales. Salvando las distancias, algo similar ocurre en el tallado de madera.
Los estudios posteriores realizados por investigadores como Estanislao Fernández de a Cigoña, Alfonso Fernández Sotelo, Calros Solla, Carnero Feijóo, Costas Villar y Anxo Coia, entre otros, aclararon y consolidaron las tesis de Eiroa. Se amplían, aclaran y documentan muchos de los datos verídicos sobre la identidad de Ignacio Cerviño como el auténtico “Maestro Cerviño”. A la temprana edad de 18 años, en 1852, lo encontramos trabajando, junto con su padre, en las obrar que se estaban realizando en la bóveda de la iglesia de San Andrés de Hío, que fue les fue encomendada por el párroco de Hío, Juan Manuel Míguez Alonso. Fue este el que, en torno al año 1872, mandó erigir el cruceiro situado en el atrio de la iglesia. Ese mismo año encontramos como el escultor estaba domiciliado en el Iglesario de Hío, porque en este templo parroquial bautiza a su hija María del Carmen Remedios Cerviño Linares. Está documentada la presencia de Ignacio Cerviño en Hío, entre los años 1869 y 1872, coincidiendo ésta con la labra de tan excelsa obra.
Posteriormente se traslada a Cangas y allí residió entre los años 1872 a 1875, puesto que en este último año lo encontramos domiciliado en el lugar de A Lenguda, de la parroquia de Santa María de Pías (Ponteareas). Su estancia en esta localidad se prolongará hasta el año 1895 que se encuentra residiendo en la capital de la comarca del Condado. A pesar de estar domiciliado en Ponteareas no pierde su relación laboral y contratista con capital histórica de la comarca del Morrazo. Realiza trabajos en la iglesia parroquial de San Salvador de Coiro, como su bóveda, (1887) y, en el núcleo de Cangas, la fuente de Santiago, conocida como del Caballo (1890). La Cofradía de la Misericordia le encarga inicialmente la renovación de la imaginería para las celebraciones de Semana Santa. Visto el resultado obtenido, deciden ampliarla con nuevas tallas y pasos. En esta su segunda etapa canguesa, Ignacio Cerviño tiene que pasar temporadas en la villa marinera para dar cumplimiento a los compromisos adquiridos. Visto el resultado de las obras ejecutadas para la Cofradía se pueden diferenciar claramente entre las imágenes principales de las secundarias porque, no todas ellas gozan de la misma lucidez. Destaca el esmero con el que talló los tres rostros del Señor en la Santa Cena, Pasión y Calvario.
Sus obras en piedra destacan sobre la imaginería y retablos. Sus cruceiros y panteones, como el que labró en Cangas por encargo del industrial Joaquín Francisco Graña Rodal y otros mausoleos semejantes se pueden en San Fiz de Celeiros, San Miguel de Ponteareas y otras parroquias y ayuntamientos próximos. Además de obras civiles, realizó diversos trabajos de cantería entre los que destacamos las bóvedas y torres campanario, como el del santuario de Santa María de la Franqueira. También trabajó en O Carballiño donde realizó un panteón para la familia Cela-Corral. Falleció en O Porriño en donde ejecutó su última obra, la fuente del Cristo, cuyo proyecto es de autoría del excelso arquitecto Antonio Palacios Ramilo.